Diario de León

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Como es posible que con un plan nacional de Energía y Clima publicado hace tres semanas en el BOE y una ley de Cambio Climático aún en tramitación en el Senado, los proyectos para que el viento se adueñe de la provincia no paren de multiplicarse? Es sólo una pregunta, pero podríamos cuestionarnos también qué pasa con la mina de uranio de Retortillo, por ejemplo, o por qué hay tanto interés en que se prohíba cazar lobos. Todo eso porque ha quedado claro ya que la gentrificación de las zonas rurales despobladas no es una opción, que sin ganado y sin agricultura, sin protección del Medio Ambiente, las salas deshabitadas de esta casa no tardarán en convertirse en la presa del pillaje de las nuevas energías, las mismas que en menos tiempo del que pensamos serán historia, como lo fue el carbón. Luego, los que se enriquecieron con la muerte de especies animales, los mismos que convertirán paraísos del patrimonio natural en desiertos semejantes al que Stephen King retrató en  La niebla.  La diferencia es que los monstruos se quedarán aquí y no habrá un mundo B al que regresar tras saltar de dimensión. Les interesa que cada vez seamos menos, que los ganaderos y agricultores sean desterrados de sus casas, les interesa mucho que nos vayamos para que no haya testigos de que un día la montaña de León fue un territorio virgen, sin gigantes que aprovechan el viento para segar la vida.

Por el momento, hay dos realidades paralelas: la de cuantos luchan para que nadie mancille el territorio y los que siguen a lo suyo. Ya lo hemos visto: ahí están todos los cielos abiertos que destruyeron ecosistemas y que ahora pagaremos con nuestros impuestos después de que cuatro golfos se llevaran el dinero de la liquidación.

Puede que volvamos a caer con la misma piedra porque hemos perdido la capacidad de mirar por el retrovisor. Es más fácil así; así no nos sentimos culpables y podremos quejarnos, siempre quejándonos por cerrar los ojos, mirarnos el ombligo y abdicar de nuestra responsabilidad.

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