Diario de León

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Una caravana de inmigrantes procedentes de Centroamérica atraviesa estos días México hacia el norte próspero. Caminan bajo el sol y bajo la lluvia. Sufren el acoso de la policía, las inclemencias del tiempo, el hambre y la sed, y avanzan calados cuando llueve, sudorosos si sale el sol, en dirección a la frontera con los Estados Unidos, donde les espera la última barrera.

Caminan juntos porque así se sienten más seguros. A salvo de los extorsionadores, de los narcos, de los grupos armados que pululan a sus anchas por el país. Son cuatro mil inmigrantes que se dispersan y se agrupan. Y después de diez días a pie, después de ciento veinte kilómetros recorridos, comienzan a sufrir enfermedades. Hay casos de dengue, de gripe, y son muchos los que padecen deshidratación y problemas gástricos, cuentan los médicos voluntarios que les acompañan.

Cuando lleguen a la frontera, la Tierra Prometida, se encontrarán con nuevos obstáculos. La imagen de un grupo de inmigrantes haitianos, cazados como esclavos por tejanos a caballo hábiles con el lazo, recordaba hace unos días a un tiempo pasado, a una época que todavía avergüenza a los norteamericanos.

La vida en los Estados Unidos, en cualquier caso, siempre será mejor que aquella que dejan atrás, en lugares donde la violencia, la pobreza y la corrupción son una losa. Y esa estampa, la de una caravana de inmigrantes, herederos de aquellos espaldas mojadas que cruzaban a nado el Río Grande, se va a repetir a menudo.

La estamos viendo en otros lugares del planeta. En Ceuta y Melilla, azuzados por Marruecos cuando le interesa presionar a España. En la frontera polaca con Bielorrusia, de nuevo usados como arma geopolítica por una dictadura que responde así a las sanciones de Europa. En Grecia, donde los refugiados de las guerras de Oriente Medio llegan desde Turquía, otro país gobernado por un sátrapa,. O en Libia, donde los traficantes de seres humanos echan al mar barcas llenas de subsaharianos en busca de las costa de Malta o Lampedusa. Como aquellos cayucos que llegaban, ¿volverán a llegar? a Canarias desde Mauritania.

Es otro reto global, el de la pobreza, que tenemos que resolver junto al del cambio climático. O un día despertaremos todos empapados por el agua de Río Grande.

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