Amarrados entre el pasado y el futuro
En los equilibrios está la virtud. Por ello son tan complicados. El ser humano se ve atado a un aquí y un ahora, pero su capacidad de abstraerse le anima a navegar mirando al horizonte y al espejo retrovisor, aunque en el fondo siga amarrado al presente. El genial Delibes lo describe con claridad, quizá enlazando con el mítico sentimiento trágico de la vida, tan unido a la transición desde la España decimonónica a la tragedia a la que la empujó en el XX. «Alimentados de pesimismo no vivimos la vida, la sufrimos», escribe el vallisoletano que supo leer y escribir el entorno con mucha más altura de lo que suele ser habitual.
Viene todo esto a cuenta de esa especie de tensión que se palpa cada día al leer la prensa. Esos afanes por preservar y esos otros intentos por construir, por avanzar.
Cada día surgen voces defendiendo la preservación. En una tierra con tanto legado cultural y patrimonial la cosa roza el imposible. La más ingente de las contradicciones llega desde el único enclave leonés que tiene la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Las Médulas fueron una aberración medioambiental que ha desembocado en un monumento natural, pleno de historia y con unos recursos arqueológicos que darán que hablar seguramente durante décadas.
Ahora, vivimos una fase en la que todo parece que merece la pena. Que todo debe protegerse. Gastando dinero en restaurarlo, aunque se vea condenado al abandono desde el día siguiente, al carecer de un uso que le facilite oportunidades de revitalización. Pero en una etapa en la que nos guía el populismo, la cobardía, la ausencia de criterios... es mejor huir hacia adelante, dar el «sí» por temor a que nos crujan por tomar las decisiones que se deberían tomar.
En el aire está la visibilidad o no del rastro de unos cubos de la muralla de León derribados hace un siglo. O la permanencia de los diferentes restos de la minería que se acumulan por todos los rincones. Y un largo sinfín de enclaves sobre los que caben los dos criterios: son inservibles o son nuestro legado.
Las térmicas están siendo desmanteladas, no sin voces contrarias. Hace no tanto se tiraron todo tipo de cosas por estas tierras que hoy son tesoros. No seré yo quien diga que necesitamos chimeneas que no echan humo...