Diario de León

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Hay un grupo de activismo climático, Just Stop Oil, que ataca obras de arte para protestar contra la producción de combustibles fósiles en Reino Unido. Hoy han realizado su última acción arrojando salsa de tomate a uno de Los Girasoles de Van Gogh, pintado en 1888 en Arles (Francia). Parece ser que el lienzo está protegido con un cristal, por lo que los daños no son irreparables. No es la primera acción de este grupo de jóvenes, muy jóvenes, que ha decidido que la mejor manera de posicionarse en defensa del medio ambiente es atacar y poner en riesgo otro bien de incalculable valor: la cultura.

A Van Gogh le obsesionaban los girasoles, como otras muchas cosas en su vida. Parecer ser que la toxicidad de los óleos que utilizaba para dar el tono de rabioso amarillo a sus pinturas le provocó problemas de salud, que se añadieron a los trastornos mentales que arrastró toda su vida y le ocasionaron un sufrimiento intenso. Un sufrimiento intenso parecido al que deben pasar estos jóvenes, tan jóvenes, que recurre a este tipo de acciones para visibilizar su desesperanza en el futuro. Lo terrible es que no encuentren otros canales de escucha, que se sientan ignorados. Más allá del rechazo que provoca la acción misma de poner en riesgo una obra de arte, hay que preguntarse por qué los más jóvenes no encuentran fórmulas para que se les tenga en cuenta.

El planeta se queda sin recursos y los gobiernos no encuentran soluciones que eviten lo que parece llevarnos a un futuro de incertidumbre. Hay expertos que defienden hace tiempo que el decrecimiento económico es la única solución al cambio climático, pero se sigue apostando por el mismo modelo, con otros recursos. Para lograr la necesaria transición hace falta cambiar la forma de producir, consumir y relacionarse con el planeta de una manera más justa y que no deje a nadie atrás. No le encuentro sentido a poner en riesgo obras de arte, por mínimo que sea, para hacer visible una reivindicación, pero entiendo la desesperanza de la juventud.

Llamar la atención de un problema provocando otro sólo puede irritar y provocar rechazo a los que coinciden en los planteamientos y la necesidad de que hay que acelerar las medidas que eviten el deterioro del planeta. Los cuadros de Van Gogh, como él mismo los definió, son «casi un grito de angustia», como los de esta juventud que ya no encuentra otra manera de hacerse escuchar. Hay un lienzo del pintor que me resulta muy inquietante. Campo de grano con cuervos es considerado su testamento artístico porque lo pintó poco antes de suicidarse. La atmósfera es oscura y los trazos son angulosos. La presencia de los cuervos no presagia nada bueno y su vuelo empeora la tensión. Si de lo que se trata es de utilizar el arte para luchar por una idea, yo habría elegido encadenarme a este óleo para increpar a quien haga falta.

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