Diario de León

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Quedan apenas medio centenar de horas para que acabe 2022. Un año al que pondría una nota bastante alta, algo que desearía que pudiesen compartir todos los lectores de esta columna.

Aunque no parece que al conjunto de la sociedad le haya ido bien. El negacionismo hacia la realidad es una pésima receta. Quizá el mejor ejemplo nos lo aportase ese reflejo tan apropiado de la sociedad, el fútbol, con ese seleccionador español que dio la espalda al mundo para entronizarse en su ego y en la negación de la evidencia, de que hacía el ridículo desoyendo lo que era un clamor.

Ya se sabe que no hay peor tonto que el que cree no serlo. El que vive blindado en su castillo pensando que engaña a todos. Los tenemos a diario en nuestro entorno, pero nada más claro que el actual inquilino de La Moncloa, y sus afanes por hacernos engullir ruedas de molino. Abobado por los mensajes de su entorno —ahora se señala a Bolaños— no se entera de que las cosas no cuelan, que son muy distintas a lo que dicen sus palmeros y encima todo el mundo se da cuenta. Es ese mal tan extendido de hacer el ridículo a los ojos de todos aunque uno intente mirar hacia otro lado...

Con un centenar de sentencias revisadas con el ‘sí es sí’, con un Poder Judicial que le ha sacado todas las vergüenzas, con los catalanistas poniendo negro sobre blanco en sus pactos ocultos, y con el augurio de que en febrero empezarán también la reducciones de penas a corruptos y demás ‘amnistiados’ para beneficiar a unos pocos.

El cuento del traje del emperador, o más bien del no traje, debería ser asignatura troncal en primero de políticas. Cuando uno intenta engañar a su sombra llega la realidad como una apisonadora y airea todo, poniendo al descubierto las mentiras y trapazadas. Ese blanqueamiento inservible, cual metaverso, que busca convencer de una verdad que no es tal. Pero al abrir los ojos, el dinasaurio sigue ahí, probando que por mucha piel de cordero que se intente mostrar, las cosas son como son y negar la evidencia es de bobos y deshonestos.

Afrontamos un 2023 con calendario electoral. Es fácil que lo visto hasta ahora se quede corto. Nos tocan muchos penaltis marroquíes para darnos baños de realidad tras este 2022 que, si se usase el sistema chino de buscarle animal, sería el de la marmota. O del seleccionador...

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