Imperialismo ruso
El primer imperialismo de Occidente fue fundado por una democracia, Atenas, y el mayor que vio el mundo también: Gran Bretaña. De hecho, echando la vista hacia atrás y haciendo recuento, pronto se descubre que el imperialismo ha sido la forma de gobierno más difundida y, por lo tanto, podríamos decir que exitosa, de la historia del hombre. La soberanía nacional es fenómeno reciente, aunque nos parezca viejísimo, porque viene de la Revolución francesa: algo más de dos siglos. Los pueblos, en general, han vivido sojuzgados a la voluntad de una entidad mayor que a grandes rasgos responde al perfil de un imperio. El británico se considera que duró hasta 1947, aunque devolvió Hong Kong a China hace todavía solo veinticinco años, y prolongó sus tentáculos en la voluntaria Mancomunidad de Naciones más conocida como Commonwealth.
Este más o menos obvio preámbulo —aunque no del todo, porque hay quienes todavía piensan que el largo camino de la historia lo han labrado las naciones— viene a colación de las ínfulas zaristas de Putin que han llevado a la invasión de Ucrania. Personalmente, creo que existe al menos otra razón detrás, un motivo geoestratégico a largo plazo —o no a tanto, si la ciencia soviética tuviera razones que desconocemos para pensar en un cercano y súbito enfriamiento global de la Tierra—: Rusia es en gran parte Círculo Ártico, un pequeño cambio en el clima supondría una gran crisis agrícola y alimentaria para ella y nada más tiene un puerto marítimo libre de hielo que le comunique con el mundo, el de Múrmansk. La obsesión con el Mar de Azov y la ciudad portuaria de Mariúpol se comprenden mejor teniendo en cuenta ese escenario hipotético. Y es que, como todo el día estamos hablando del calentamiento global, a veces se olvida que lo cierto es que seguimos viviendo en la fase interglaciar de una glaciación.
De entre los modelos de imperialismo que en el mundo han sido, el ruso por lo menos ha practicado tres: el zarista, el imperialista y el comunista. La idea de ser cabeza de león la tienen metida en la cabeza por lo menos desde el Rus de Kiev, y así la expresa un filósofo de su cultura: «La idea del imperio era una de las más preciadas de nuestro bagaje ideológico y esto es lo que proclamamos ante las demás naciones. Con ello sorprendemos, deleitamos o enloquecemos al resto del mundo».