Diario de León

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Visto para lo que quedaron las motos, a Enrico Piaggio se le bajaría a plomo el desvelo que se tomó con la Vespa, cuando tuvo que recurrir a Corradino D’Asciano, el ingeniero aeronáutico que le gustaban más los aviones que las motocicletas. Una moto mide lo que ha involucionado la política. Hay un chiste en forma de parábola sobre el portento mecánico que resultó del icono de la libertad, que empaquetó en dosis la satisfacción de la Dolce Vita italiana, que relata cómo un motociclista persigue por ciudad y autoestrada a un Maserati. ¿Conoces la Vespa? El automovilista trata de zafarse de la turra del motero, de forma infructuosa, porque la Vespa siempre alcanza a la máquina en el siguiente semáforo. ¿Conoces la Vespa?, vino a decir Maroto esta semana de regreso a León, con su discurso en bucle que siempre termina con una apología del poder industrial de Valladolid y otra parte de la Castilla venturosa, el poder imantador para atraer factorías de baterías, de encauzar en cadenas de montaje y empleo cualificado el espíritu de la transición justa, que ajustició 25.000 puestos de trabajo en León (que no se olvide), no sin el apoyo del gobierno, de su gobierno, que en el famélico León es como mentar la sobrealimentación en medio de la hambruna. ¿Dónde aparco la Vespa? parecía preguntar la ministra cesante, mientras las autoridades autóctonas peleaban por ceder el foco; pase, pase, usted primero, ministra. A ver de qué le sirve a Diez aplicarse crema solar de protección total en su cartel de Solo León si luego se expone a la parrilla de 15 minutos de grill y plano corto junto a Maroto, en ese claustro de San Marcos, aparcamiento de motos, bajo el vuelo corto de las palomas y la posición discreta de Morán, y otros que tienen la virtud de parecer que nunca están. Las urnas, a veces, son crueles. Que le pregunten a UPL, que anda con una perdigonada en el pie por abrazarse eufórica a las regentas a la puerta del Ayuntamiento. La cosa es que la patente de la moto que montaron a pachas Piaggio y D’Asciano inspira chistes con moraleja; tras la persecución por medio Reggio Emilia, el tío del Maserati, entregado, baja la ventanilla; y el de la moto le espeta: ¿Conoces la Vespa? ¿Cómo se mete segunda?

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