Diario de León

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Hace no tanto nos rasgamos las vestiduras con la última lista de proyectos empresariales que arañarían fondos de resarcimiento del carbón. De los de nueva generación, a la espera unos de que el santo baje el dedo y se ejecuten los pendientes y otros (más) agazapados en el silencio administrativo a ver si la cosa prescribe. La lista era una lluvia dispersa de residencias de ancianos como negocio con más futuro en las cuencas. Y no les faltaba razón. Apenas algún sueño turístico cambiaba el paso de propuestas empresariales que no dejaban lugar a dudas: el único negocio de éxito que se puede cultivar en las comarcas ex mineras, una vez asfaltados y vacíos los polígonos industriales, son abuelitos.

Tampoco resultó fácil la cosa. No por falta de materia prima, que aquí abuelitos y aspirantes a somos legión; sino por la estulticia de quienes pudieron facilitar edificios abocados a la ruina y ni por librarse de ellos supieron enfocar el asunto. Ahí está el caso de Laciana y sus 232.000 euros de ayuda perdida. Que seguro que no son ni los únicos ni los últimos.

Es la dura herencia minera. No seamos hipócritas: no porque no haya fondos, sino porque no hay proyectos. No seamos hipócritas: no porque no haya oportunidades, sino porque no hay inversión pública que arrastre el interés privado. No seamos hipócritas: porque los políticos, desde el copete hasta el pueblo, no han sabido qué gestionar, ni por tanto cómo defenderlo. Aquí no hace falta cainismo, que lo hay a cascoporro, basta con dejarse acunar por la indolencia imperante.

¿Somos causa perdida? Ni mucho menos. Ajenas por fortuna a esta pereza existencial caminan varias generaciones que luchan, triunfan, naufragan y resurgen labrándose muchos un brillante camino, la mayoría su destino sin más (ni menos), como ha ocurrido siempre. Pablo Álvarez y Sara García siguen siendo protagonistas en León. Luz y faro de cuantos, jóvenes y no tan jóvenes, están dispuestos a no dejarse arrasar por ese pesado y lento río de lava triste. Ayer bromeaban de nuevo entre mensajes inspiradores. Su León ya no es el remanso de paz que fue, ahora su popularidad les cerca. Bromeaba Sara: con la ‘bombilla’ que lleva en su melena roja es difícil pasar desapercibida. No le va a la zaga Pablo. Su ‘bombilla’ tampoco le difumina entre los paseantes. Ambos son el faro que hace saber a los leoneses que se puede alcanzar la luna.

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