Diario de León

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Es necesario que la atención primaria asuma el control del plan detox de esta semana de carga emocional de pasión, muerte y resurrección de Cristo; este me estoy quitando, que nos deja expuestos a la realidad de abril, tan duro y riguroso como enero, por mucho que el cuco amenice el lastre de las horas, a modo de claqueta en cada escena del jolgorio que trae el despertar de la primavera, la reproducción de las especies, el hervor de la sangre. Porque viene, ya se huele en el ambiente, el bajón del 23, y deja el suelo perdido de frustraciones entre los leonesines de a pie, desconcertados aún por ese regreso al pasado que permite el jueves santo y siguientes, de las calles como antaño, y gente a dolor, y codo y va y codo viene para meter el morro en las barras, de tanta muchedumbre que devolvió los pasajes de gloria transitoria a un territorio asolado y abandonado a la deriva. Ya pasó, ya pasó. El placer del amor dura sólo un momento; el dolor del amor dura toda la vida, y otros finales repetidos que sabemos sin necesidad del spoiler de la cruz sobre el portal de Belén que adoran los pastores. El volteo de campanas no es más que percusión para celebrar la Pascua. Que Cristo resucitó, sí, lo que no es tema menor en este entorno de degradación social y económica y moral que vivimos. Pero León no levanta cabeza. Ya está otra vez la parsimonia del cuarto movimiento para violín instalada en las grandes avenidas, en las callejinas más recónditas; ante las grandes fachadas urbanas y los modestos tapiales de eso que los cursis y los técnicos de desarrollo llaman el rural. Ni la inmediata cercanía de la cita electoral, que era adrenalina en vena otras veces, vale para levantar el ánimo del contribuyente, que tiene asumido que va a pagar la fiesta que disfrutan otros. Hay un momento que cada semana santa preludia otro desenlace fatal para León, usado como vomitorio de desahogo y desenfreno para la parte privilegiada de la tarta poblacional de España, que aprovecha para soltar estrés donde lo único bueno que queda es la paz: el día que la marabunta, que le dice a sus vecinos de Getafe y Las Arenas que se va a pasar las vacaciones a Sancti Petri, arrasa con todo el género de las panaderías leonesas.

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