Diario de León

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Naturalmente, escribo sin conocer, ni siquiera intuir los resultados electorales, que seguramente esta mañana ya se ofrecen al detalle. A quien Dios le haya dado el empujón hacia los mandos de la gobernación, sea la que fuere, san Pedro se lo bendiga. El pueblo ha dicho lo que quería decir —otra cosa es el caso que le hagan— y todo lo demás sobra. Bueno, en verdad ahora pueden llegar pactos y componendas si los números no dan de sí para ajustar la realidad a los sueños puestos en las urnas. Uno se imagina las —tentaciones de la imaginación tienen pocos secretos— una noche de alegrías y decepciones, de calculadoras y operaciones matemáticas, de insomnios y teléfonos que indagan intenciones a veces disimuladas… Haya ocurrido lo que haya ocurrido, el votante pasa, al menos en alguna medida y con la gratitud que exige la mesura de la obligación, a un segundo plano, hasta la próxima, esperando las decisiones de los sanedrines y su voluntad de elegir los caminos que ahora se abren. Aunque también inescrutables estos, ojalá sean eficaces. La eficacia es una de las máximas exigencias de la política, no la única.

Mañana movida esta. Seguro. Análisis con la boca pequeña en algunos casos. Que por algo nos habrán votado, que si hemos subido, que si hemos bajado menos de lo que esperábamos, que si no han captado bien el mensaje, que ya decía yo, que si somos cojonudos, que haremos una oposición constructiva, que si gobernaremos para todos…, con música a tope y aplausos interminables, o bajita para que no levante dolor de cabeza y huida de los (in)fieles por la puerta de atrás. De cara a la galería, recompondrán rostros y sonrisas para hacer creer la historia que ellos mismos han inventado en este interminable calentamiento de motores que llega a su fin, o quién sabe si no empalma con la próxima cita, ya a la vuelta de la esquina.

Al parecer todos están contentos porque todos han ganado, lógicamente retorciendo la argumentación como un trapo húmedo y desgastado. Allá cada cual con sus consuelos. Celebramos las alegrías de los unos y sentimos las tristezas encubiertas de los otros. Por qué no. Ahora empieza, sin embargo, el gran reto de proporcionar alegría a los ciudadanos de a pie. Dependerá del estilo y la eficacia. 

No se olviden de tomar nota sobre el asunto en esta mañana de sensaciones encontradas. La acción política tiene sus propias exigencias. 

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