Diario de León

TRIBUNA

Carlos Santos de la Mota | Escritor

No con mi aplauso

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Parece evidente que damos poco de sí, que no hay nada halagüeño a la vista, que protestamos nada o menos y que por lo tanto hay algún ‘consenso’ en que nada va a cambiar si nada hacemos para que cambie. Dirijo las culpas todas al partido político Unión del Pueblo Leonés (UPL) que se prestó y aparenta prestarse a guiarnos a la autonomía prometida porque ya después de tantos años y de, en tanto tiempo, tanta inacción al menos de carácter e incluso de apariencia, la vida discurre plácidamente para quienes no tienen voluntad ni ganas de mover nada del statu quo.

Pero siendo esto una cosa grave, fea, indolente y contraria a tener nuestro derecho constitucional, lo peor es volver a las divisiones de unos dividendos leonesistas ya muy menguados e incluso de credibilidad baja. Y eso que si algo de UPL o de su idea existe todavía hoy es a pesar del ‘funcionamiento’, el ‘coraje’ y la ‘eficiencia’ del susodicho partido político, que se resume en dejar pasar el tiempo y con él perder nuestras esperanzas. Es decir, es el pueblo y sólo él quien siente más León y su afirmada identidad y no tanto el partido que le pueda representar. De ahí que sea la generosidad de parte de la ciudadanía quien siga manteniendo unas siglas que de ser sustentadas por los méritos de sus ‘ejecutivos’ ya hace tiempo que serían olvido. Me dicen que ahí adentro hay organigrama y cargos, y me pregunto con qué cargas. O si se habrán quedado en momias.

Sin embargo siendo catastrófica la inacción demostrada ya durante tanto tiempo, bien en la calle, en los despachos, en la prensa, en hacer ‘incómodo’ el yugo autonómico y que se extrapole más nuestro injusto trato, lo peor es que volvamos a pensar en una nueva aventura de siglas. Me ha llegado la noticia de que, a lo mejor, quizá, tal vez, alguien se aventure a la creación de un nuevo partido político de corte leonesista. Error. O interés bastardo para unos pocos para un momento, hasta completar su vida al borde del sofá de la jubilación. Porque la verdadera solución es reparar el camino ya hecho y senderear por él audaz y diligentemente. Parece que no lleguen a entender que, pese a esa inacción, sin embargo las siglas han ‘llovido’ en la conciencia social. Nadie tira por la borda una marca, un haber, una huella, un recuerdo asociado en este caso a una lucha nacida y alentada de la injusticia.

En ello anda un grupo de personas de la órbita socialista (o así) de la tercera o cuarta fila en el plano provincial y adscritos al ideario del actual alcalde, señor Cinco + Cinco, como sabemos de la ‘provincina solina’. A esta flauta aparentemente mágica parece que se han añadido los entusiastas de una pretendida ‘unidad’ que tiene poco de práctica, mucho de destructiva y un algo de oportunista. También es verdad que el otro lado no avanza. Y resulta que, entre todos, deciden que uno de los argumentos de peso para la reivindicación autonómica de la ‘provincina’ es que es en ésta «donde más arraigado está el sentimiento leonés». Es decir, que a los desfavorecidos de sentir leonesidad, siendo leoneses, que les zurzan.

Pobre y hasta indeseable argumento para dejar a nadie fuera aunque sea ‘de momento’. Porque si zamoranos y salmantinos no sienten como nosotros la leonesidad habrá que reenseñársela. Ir y decírselo. Y volver a ir y volver a decírselo, y el sendero conjunto de la Historia nos echará una mano a todos. Y porque si están ‘outside’ no es por culpa de ellos, sino porque esta provincia y capital lo ha hecho todo para alejarlos, simplemente con su desinterés y la falta de captación aglutinadora, que ya es decir y que dice mucho (y mal) de nosotros mismos, como es el caso de este presunto proyecto autonómico menudo al que apuntan algunos y que nos llevaría a estar más solos y ser más frágiles. Y a volver a ser enormemente desconsiderados. ¿Pero cuándo León ha dado la cara por ellos? ¡Siento vergüenza! Y por otro lado admiración por los que allí, pocos y con dificultades mayores, enarbolan, sin embargo, la leonesidad de sus tierras, detalle que no debería pasarnos por alto y valorarse como debe.

Y no digo que los leonesistas del León provincial no hayan participado algunas veces como compañeros e impulsores de nuestra hermandad con los leoneses transprovinciales a nosotros. Lo que digo es que León provincia como entidad política y sociedad responsable jamás ha movido un dedo por encontrarse con sus paisanos, maniatada como está en sus deudas autonómicas actuales, y antes de éstas por su incultura política o lelismo en el peor momento. Sólo por eso nuestros hermanos están más débiles como leoneses, y porque no tienen una provincia así llamada. ¿Seríamos nosotros ‘leoneses’ en la medida que lo somos de no ser por el nominal y lo que arrastra como otrora país? No nos hemos ‘salvado’ más. Sólo hemos tenido más suerte. Porque en esto ni siquiera podemos culpar a Castilla, una culpa que solemos hacer ajena, pero que la más de las veces es propia. Y en este caso es dejación del ‘tutor’ teórico o del actor principal atendiendo a la antigua cabecera de aquel territorio grande y perdido y que parece estemos empeñados en minimizar más. De aquello a quedarnos ahora en una provincina... Para sentir algo más que vergüenza.

Así que estamos en que ¿hay poco leonesismo en esos territorios y ‘de momento los dejamos fuera’ y a ver lo que pasa después? Me froto las meninges y sólo consigo reafirmarme. Y todo esto suponiendo que León provincia fuera algún día autónoma. ¡Y sería una mentira histórica y un atropello al pasado! Pero moverse autonómicamente sólo por expectativas de rédito político, y a cachines, cuando aquí de lo que se debería hablar es de ‘pueblo’, el entero, es que hay un claro extravío.

Ningún pueblo que merezca la pena deja a nadie de los suyos tirados por más desafortunado que se encuentre, o perdido, o desorientado, o, como es el caso, abandonado secularmente a otras doctrinas y/o sentimientos de pertenencia. Qué descorteses y desconsiderados seríamos, y miopes políticos. El País Vasco tiene en la memoria su referente francés. Cataluña habla sin olvidarse de la Catalunya Nord, habiendo un muro interestatal de impedimento, pero no lo quieren dejar en el olvido, y aquí regalamos territorio ingenua y bobamente.

Señoras/es, aquí lo que toca hacer es sencillo, y sólo es ponerse en pie, remangarse y reevangelizar en el erial del déficit leonés que nosotros mismos hemos creado, volver a decir a los leoneses hermanos que también son hermanos leoneses nuestros y dar fe de generosidad. Sólo así, juntos, convergeremos fuertes en la identidad y sentimiento de pertenencia que ahora depreciamos y despreciamos. Allí no es que no haya nada, es que hay todo un mundo por redescubrir. Y ese mundo somos nosotros mismos.

En esa parte leonesa hay gente trabajando duro con pocos medios y en labor ímproba, como nos consta, y en circunstancias de mucha obstaculización, incomprensión o novedad llamativa... No podemos decirles que «esperamos a ver qué les sucede». Es demasiado incorrecto.

No con mi aplauso consentiré jamás detalle tan grosero de no ir, juntos y de una vez, con mis hermanos leoneses en la lucha legítima, legal y lícita en pro de nuestro derecho constitucional de ser comunidad autónoma. Pero ¿qué os ha pasado para desvariar así?, ¿en qué lugar y cuándo os han confundido?, ¿cómo es posible llegar a condicionar su marcha presente al futuro destino conjunto? No, nunca con mi aprobación.

Reservo las últimas palabras a un repaso de flaquezas que resumo en que hemos venido practicando el reduccionismo más idiota, la ‘provincina’ y gracias. Y por eso así estamos, mirando hacia abajo y cada vez más corto, con diásporas de pertenencia a unos lados y a otros. Un día fuimos un cuadrante peninsular con rango de Estado, o Reino o País e idioma propio, y hoy la poca cosa salta a la vista. Quizá no tardemos en reducirnos a la calle Ordoño II y más adelante a uno de sus portales. El siguiente paso será la nada que hemos ido persiguiendo.

Aquí lo que toca hacer es sencillo, y sólo es ponerse en pie, remangarse y reevangelizar en el erial del déficit leonés que nosotros mismos hemos creado, volver a decir a los leoneses hermanos que también son hermanos leoneses nuestros y dar fe de generosidad. Sólo así, juntos, convergeremos fuertes en la identidad y sentimiento de pertenencia que ahora depreciamos y despreciamos
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