Diario de León

TRIBUNA

ENRIQUE ORTEGA HERREROS médico psiquiatra jubilado

Ponga Ud. un experto en su vida

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H abrán observado que últimamente han aparecido en escena, cual setas tras la lluvia, una serie de personajes singulares que se erigen en figuras indispensables en el pastoreo social. Se denominan coachs, influencers, youtubers etc. y, también, expertos. Es sobre algunos de estos últimos, que han venido para quedarse, a quienes me voy a detener relatando su cometido. Por supuesto que no voy a hablar de los expertos de toda la vida, tales como el mecánico, el médico o el dentista, por poner unos ejemplos. No, voy a señalar a una serie de expertos particulares, que lo son, pero que ejercen funciones que antes quedaban más para formas de acción de la propia sociedad, en sus diferentes células y estamentos, sin más especificidad. Ya se sabe que la sociedad, en su evolución, como en la canción, suele dar un pasito «palante y otro pasito patrás…» Ahora está en el segundo pasito, me parece a mí . Veamos unos ejemplos.

1.- «El niño no me come, y ya no sé qué hacer». Tranquila señora. Si su pediatra ha descartado un problema médico, recurra al «experto en nutrición». Él le preparará una dieta sana y equilibrada y, además, le hará atractiva la comida resaltando la forma, la textura, el color y olor de la misma que son tan importantes para activar el reflejo ocular- olfativo con el fin de abrir el apetito del niño. Ya lo he hecho y ni por esas, oiga. Tranquila, en ese caso debería consultar con el «experto psicoterapeuta», pero conductual, pues se trata de corregir conductas inapropiadas y sustituirlas por conductas adecuadas. También lo he hecho y no ha dado resultado. El niño (cabroncete redomado) no ha dejado de rumiar los alimentos, que parece un dromedario, le ha hecho un par de pedorretas y ahora dice que no quiere volver al colegio. Pues, entonces, tendrá que consultar con el «experto en orientación escolar». De pronto entra en escena el padre de la criatura y proclama, dirigiéndose a la madre: «Páiceme que el guaje te está tomando el pelo, y como sigas tecleándole lo vas a mariconear. Ya te he dicho que si tienes que darle un azote pues se lo das y punto». Pero que bruto eres, Sinforiano, cómo se nota que eres de pueblo. A mucha honra, y con lo de mariconear no quiero ofender a nadie, solo destacar lo melindrosos que se convierten los niños tan consentidos. Uy, uy, van a tener que consultar con el «experto en problemas matrimoniales o de pareja…»

2.- «He heredado un dinero que no necesito para tapar agujeros, y no sé qué hacer con él». Lo tiene fácil, confíeselo al «experto en inversiones». No se preocupe si le hace un comentario, al pasar, referente a que, dado que la cantidad no es muy grande, no le puede garantizar gran cosa, pues ya se sabe que hay que correr con los gastos del banco más la comisión correspondiente del experto. Total, que va a hacer todo lo posible para que al menos no pierda el capital. De todas formas (se cura en salud), ya sabe usted que las inversiones en la bolsa es lo que tienen, que pueden subir o bajar, pero sepa que la cartera que le hago es de lo más interesante. Y usted quedará convencido de que hace muy bien en poner el dinero en sus manos, porque usted, de finanzas, no tiene ni idea.

3.- «Me siento flojo y amuermado. Esta vida tan sedentaria no ayuda». No se preocupe, consulte con el «experto en ejercicios físicos, estiramientos musculares y paseos por el campo». El campo, ya sabe, es lo que hay fuera de la ciudad. No haga caso de la leyenda urbana según la cual el campo está lleno de bichos molestos y de caminos polvorientos que no llevan a parte alguna. El experto le ayudará, le enseñará a andar, el cuerpo erguido, el braceo acompasado, la cabeza alta con la vista mirando al horizonte, que es eso que queda lejos. Le enseñará, también, a inspirar y espirar el aire puro y libre. No me diga que para, simplemente, pasear no necesita del experto. Eso demuestra que la ignorancia es atrevida. Porque, vamos a ver, ¿por qué, entonces, está usted tan atrofiado, barrigudo, los músculos fofos y con esa flojera que da pena verlo? Ande, ande, consulte con el experto, que, si a usted le da un calambre en los gemelos o en el cuádriceps, a ver cómo se las va a arreglar solo.

4.- «Se nos ha muerto el Lucero». Era un perro excepcional. Ya sabíamos que estaba viejo y enfermo, pero el vacío que deja en nuestras vidas va a ser imposible de rellenar. Hay desgracias que se hacen insuperables. Dada la gravedad de su estado, según lo relata, le aconsejo que consulte con el «experto en situaciones traumáticas y duelos especialmente dolorosos». No crea que esos expertos están solo para las catástrofes o accidentes terribles y cosas parecidas. Lo suyo, a juzgar por lo que dice, entra de lleno en su campo. El experto le ayudará a digerir la pérdida, a aprender a soportar el vacío, a aceptar la ausencia de su «Lucero». Verá qué bien le viene. No sé, no sé. Lo veo con poca esperanza. De todas formas, si el experto en catástrofes y duelos no le soluciona el problema, porque el duelo se complica, que es como una herida que se infecta, tendría que consultar con el «experto en duelos complicados», pero eso ya se vería, aunque no lo descarte…

5.- «De un tiempo a esta parte me siento decepcionado de la vida, como si me faltasen alicientes. No sé, una dimensión espiritual o trascendente». Yo creo que debe recurrir al «experto en felicidad». Lo primero que le orientará es sobre su vida sexual porque ese es un aliciente que, seguro, a usted le falta. Habrá escuchado cientos de veces por la radio y visto en tv los anuncios que insisten en que el sexo es vida. No me sea concreto y no piense únicamente en el binomio sexo-reproducción. Trate de sacarle jugo al sexo, y no vuelva a ser concreto, que lo del jugo es una metáfora. Sepa que practicar sexo libera en el cerebro unas sustancias que generan mucha felicidad. ¿Qué le parece? No, si yo del sexo no me quejo, que es un asunto que tengo trillado y chupado. Y no me sea usted concreto tampoco, que se trata de otras metáforas. No sé, no me llena. Insisto en que la vida no me llena por el solo hecho de satisfacer mis instintos y necesidades materiales. Sigo echando de menos algo diferente, quizás metafísico, espiritual o religioso, no sé. Me parece, entonces, que va a tener que consultarlo usted con el «experto en ideas raras», pero eso son ya palabras mayores…

Han sido, solo, unos ejemplos entre los muchos que usted mismo estará pensando. La evolución humana tiene esas cosas, que procura habilidades a sus miembros, pero que, pasado el tiempo, se olvida de volver a procurárselas. Es entonces cuando muchos individuos se convierten en analfabetos funcionales en conductas y abordajes de situaciones que se consideran problemas «gordos», cuando en realidad se trata de asuntos que requieren, fundamentalmente, del sentido común. No obstante, soy de los que opinan que los expertos son necesarios y que cumplen su cometido según las reglas de juego acordadas por la propia sociedad. Puede que andando el tiempo dejen de ser importantes, como ocurrió, por ejemplo, con las plañideras, auténticas expertas en manejar dolores y duelos ajenos. Usted, en los tiempos actuales, ya sabe, en cuanto se sienta impotente en lo que sea, no dude en poner en su vida, para la ocasión, un experto en la materia…

Habrá escuchado cientos de veces los anuncios que insisten en que el sexo es vida. No me sea concreto y no piense únicamente en el binomio sexo- reproducción. Trate de sacarle jugo al sexo, y no vuelva a ser concreto, que lo del jugo es una metáfora
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