FUERA DE JUEGO
Raquetas fuera
Aquella especie de torneo de la galleta del tenis nos facilitó a algunos privilegiados la posibilidad de ver jugar en directo a Rafa Nadal junto al Bernesga. Pronto se cumplirán 20 años de un evento -marcado con todos los estigmas de esta tierra- que otorgó al entonces joven prodigio de la raqueta un trofeo que era la Catedral leonesa a pequeña escala.
Nadal puede presumir, en su inigualable palmarés, de contar con el único Máster Ciudad de León. Y lo de inigualable viene a cuenta de todo lo que generó antes, después y durante. La última noticia que tuvimos de aquello, fue una decisión judicial que otorgaba en 2022 al Ayuntamiento de León la propiedad de la pista desmontable de tenis usada entonces, como compensación por los desatinos de la empresa organizadora.
El torneíllo lo había contratado el alcalde Francisco Fernández, que se tuvo que conformar con colarse entre las candilejas para ‘robar’ una foto con las estrellas, ya que cuando las raquetas llegaron al Palacio de Deportes el regidor era Mario Amilivia, tras una moción de censura votada por la enésima fragmentación del leonesismo.
Aquel Palacio repleto de algunos ‘paganos’ y muchos ‘troyanos’ fue, probablemente, uno de los momentos más épicos de ese nuevo León que desembarcó en La Moncloa junto a Zapatero (pocos meses antes), y que pilotaban unos constructores aglutinados en Agelco, que exprimían las burbujas a costa del ladrillo que al final ni llegó a levantarse en La Lastra.
Veinte años no son nada. O sí, mirando lo ocurrido con un Nadal aupado al olimpo de las leyendas, y a un León comiéndose los mocos emponzoñado en sus miserias.
Ha pasado mucho tiempo. Muy rápido. Tanto como aquellas bolas que cruzaban la pista del Palacio para desesperación de nuestro fotógrafo: «Con éstos, tengo que disparar mucho antes para que me salga la bola junto al jugador y la raqueta»... explicaba estresado.
En la zona de prensa nos irritábamos ante los partidos con igualdad. Se jugaba entrada la noche y se entrecruzaban horarios de cierre con deseos de volver a casa.
Ahora, despertamos sin Nadal. Tras soñar con aquella magia que vimos cuando la hacía un chavalín tímido, con melena y sin mangas en su camiseta... púrpura ‘leonés’.