Leonor y la luz
Esta semana he conocido la historia de Leonor. La lucha que durante dos años libró una fiscala en Andalucía para sacar el caso su asesinato de un juzgado de instrucción corriente para ser tratado como un caso de violencia de género. Leonor era la hija de Pilar. Una niña de siete años que vivía en el pueblo de Campillos, Granada. Su madre era víctima de violencia de género y su padre, el agresor, mató a la criatura el primer día del régimen de visitas.
«Te voy a dar donde más te duele», o algo parecido, le había dicho el individuo a Pilar. Y lo cumplió a rajatabla. Con la niña muerta y la madre destrozada de por vida, el crimen pasó a investigarse judicialmente como un parricidio sin conexión con la violencia de género. Flor de Torres, actualmente fiscal delegada de Violencia de Género del TSJ de Andalucía, luchó a brazo partido durante dos años para que Leonor fuera reconocida como víctima de violencia de género.
Las cosas no suceden por arte de magia y menos aún cuando se trata de mujeres. Fue emocionante escuchar a Flor de Torres en las VI Jornadas de Justicia e Igualdad del Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. La voz en primera persona de una funcionaria pública que se resistió a seguir la corriente y cambió el curso de los acontecimientos. Nada iba a devolver la vida a Leonor. Nada iba a reparar el dolor eterno en las carnes de su madre. Pero la determinación de Flor de Torres hacía visible la violencia invisible hacia los niños y las niñas en contextos de violencia de género.
Leonor abrió en Espala la lista oficial de niñas y niños asesinados en contextos de violencia de género, en casos de violencia vicaria.
Desde Leonor, en 2013, hasta Cristian, esta semana en Jaén, hay un rosario de 61 víctimas mortales de esta violencia que los verdugos usan para hacer el mayor daño a las madres de sus hijos e hijas, a quienes fueron algún día sus parejas. Una pila de cadáveres a la que se suman las 1.286 mujeres asesinadas desde 2003 por violencia de género, sin contar otros feminicidios que se dan fuera de la pareja. Esta violencia ha dejado más de 300 huérfanas y huérfanos que hasta 2015 eran meros testigos y no víctimas reconocidas de violencia de género. Marisa Soleto, presidenta de la fundación, expuso las trabas que muchos de los asesinos ponen para evitar que sus hijos e hijas accedan al patrimonio de sus madres negándose a disolver la sociedad de gananciales o incluso vendiendo sus propiedades desde la cárcel a través de testaferros.
En estos días en que las luces de Navidad tapan las miserias de la realidad y nos hacen creer que disfrutamos del lujo inaccesible que ha tomado el centro de las ciudades, fue esperanzador comprobar que allí donde hay personas comprometidas se puede avanzar sobre el rastro de sangre y dolor. Ver esa pequeña luz que nos deja avanzar a pesar del miedo y del silencio. Como hemos visto defenderse (y ganar) a una compañera, la periodista Susana Martín, de las amenazas de un señoro de la profesión, el director de infobierzo, a quien recriminó que le hubiera plagiado su trabajo sobre Raquel Díaz, la abogada a la que su exmarido, el exconcejal Pedro Muñoz,
intentó matar y dejó parapléjica. Luces que nos guían en la oscuridad de los negacionistas y los agresores aún impunes.