Diario de León

CANTO RODADO

En Madrid ya no sirven cañas

"El disparate nacional está servido en el lujo de hoteles con nombres ingleses y fuentes donde la patria hace aguas"

Imagen de la exposición de Lita Cabellut en Madrid.

Imagen de la exposición de Lita Cabellut en Madrid.GAITERO

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El lujo se ha apoderado del centro de Madrid. La gentrificación y turistificación es un hecho irrefutable que se refleja en los grandes edificios restaurados para convertirse en hoteles. La galería Canalejas es el caso más emblemático. Un complejo hotelero y comercial al que se han subido las firmas más exclusivas que guarda en su historia la ponzoña de la especulación. La Comunidad de Madrid, en tiempos de la inefable Esperanza Aguirre, rebajó los niveles de protección de los edificios históricos del siglo XIX y XX (Banco Hispano Americano y La Equitativa) de la «manzana de Canalejas’, plegándose a las exigencias de la constructora OHL.

Y así fue como el magnate Bill Gates y el príncipe Al-Waleed bin Talal de Arabia Saudita pusieron un pie en el corazón de Madrid con el primer hotel Four Seasons. La colonización del lujo, que se erige sobre el paraíso de las franquicias, viene acompañada de un cambio en el paisaje lingüístico. Encontrar en la Gran Vía un hotel que se llame Atlántico es una rareza. Ahora los hoteles madrileños tienen nombres ingleses y hay uno en la calle Mejía Lequerica, donde estuvo la sede de Fuerza Nueva, que disfraza a sus empleados con capas y libreas del siglo XIX.

Al lado de esta ostentación, que raya la horterada en la fachada de Canalejas disfrazada de seto de Navidad, el Lhardy parece hasta humilde. Todo a tono con un ideal de vida que está lejos del alcance de las grandes muchedumbres que se agolpan para ser testigos —o más bien que sus móviles sean testigos— del espectáculo en que se ha convertido el encendido de las luces navideñas. Un holograma de las fiestas.

El disparate nacional está servido en los 5,23 kilómetros cuadrados de Madrid Centro donde oficialmente viven 149.000 personas (presumo que en el centro-centro, cada vez menos), pero por donde a diario, y más en estas fechas, pasan millones. 

‘Mísera humanidad, la culpa es tuya’, titula Lita Cabellut su diálogo artístico con Goya a través de Los Disparates del artista aragonés, en la exposición que se puede ver en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y es que «Goya no es de ayer, es de hoy» y su obra «es el espejo del desequilibrio en la humanidad», asegura certeramente Cabellut.

Un desequilibrio en el que las grandes ciudades patinan hacia la ficción de postales en 3D por las que pasea el homo consumista y consumido por la estupidez junto a kioskos donde ya no existe prensa, la verdad estorba y se venden fruslerías de la España cañí.

El disparate nacional se sirve en las fuentes con banderas patrias (y en las que la patria hace aguas) en un Madrid que ya no sirve cañas, solo se salvan algunas épicas tabernas, y te quieren engañar hasta los chinos con una «doble». 

El lujo no nos deja ver el bosque de la miseria que se cierne sobre estos centros despojados de humanidad donde las cajas de cartón ya no son solo el cobijo de las personas sin hogar, desahuciadas y arrojadas a la sima del sistema sino un producto en auge de alquiler «barato». Las cápsulas de cartón al estilo nipón. Ay, Madrid.

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