Diario de León

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Paseaba con Marta y le iba comentando que en ese roscón de reyes al que le hemos echado el ojo —por ahora, solo en el escaparate— todo era tentador menos el precio. «De nosotros y de Paquirrín no se podrá decir jamás que no nos comimos un rosco», argumenté. Inocente humor conyugal. Y me abordó un desconocido. «¿Es usted Aguirre?». Dudé en confirmárselo, no fuera a ser un duelista. Mi mujer aclaró radiante: «Es él». Y en el rostro del desconocido, quien también iba acompañado por su mujer, irrumpió la expresión que uno mismo pondría si me hubiera topado con Jennifer López. «Somos leoneses, vivimos en Luxemburgo. El cielo allí estás siempre grisáceo y su columna nos alegra el día». La mujer apostillo: «Precisamente, días atrás dijo que si le veía por la calle iba a darle las gracias». León es un bello pañuelo. Ponerle algo de luminosidad al cielo luxemburgués es mucho más de lo que me atrevo a aspirar: el mérito no es mío, cada corazón tiene sus enchufes. «Yo a Gustavo Adolfo Bécquer le habría pedido un beso a tornillo», dirá mi lectora centenaria. Vale, la creo. Un efusivo apretón de manos tampoco está mal. La alegría fue mutua, y de haber comprado el roscón de trufa se lo habría regalado. Es más, ya no necesito que los reyes me traigan nada, pueden dejarle a otro el curso online de ventriloquía canina que les pedí, que corra la lista. Luego, en casa, caí en que ni siquiera les pregunté como se llamaban. Si me están leyendo esto, les pido perdón. No toco el clarinete, como Woody, pero debería haberles cantado algo. El agradecido es siempre el juglar.

En septiembre de 2025, hará 40 años de mi llegada a León. Aún me sigue gustando escribir columnas, `género breve y fugaz. Domingos atrás, el sacerdote dijo en misa: «Hermanos, alegría, alegría y alegría… la primera que quiero anunciaros es que mi homilía será corta». Su gran gag me ilumino la tarde, que la tenía algo luxemburguesa.

Sí, debería haberles cantado algo, me hicieron luminoso el día. Le dije después a Marta: «Por cierto… el roscón de reyes que sea aquel de trufa…el más grande… y que salga el sol por Luxemburgo». Ah, la vida, ¿acaso creían que se me iba a olvidar proclamarlo hoy? Feliz 2025, desconocido lector amigo.

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