Diario de León

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Ya nos hemos declarado en otras ocasiones partidarios de las esquinas del periódico, de esos rincones donde, sin demasiado aparato tipográfico, aparecen informaciones que, además de merecer tanto respeto como las de ringorrango, tienen el don de anclarse en la memoria a través del salero y gracia que llevan dentro para quien quiera verlo. Noticias memorables, que se salen de ojo, que vienen a romper la modorra cotidianidad política sembrando una sonrisa en los rostros lectores del diario transcurso de una provincia menguante en la cual el «contentos de ser de aquí» ya se canta más en Madrid o Valladolid que en Riaño.

Si el año pasado llamó nuestra atención ese ponferradino que, en medio de una inundación, copó todas las televisiones al salir de su auto prendiendo un cigarrillo con el agua de la riada por la cintura, como si la catástrofe fuera un día más en la oficina, en este curso, al hacer recuento de sabrosuras, uno se queda con una de esas iniciativas locales que asombran por la osadía, la inspiración y ese retrogusto que dejan recién deglutidas. Mi candidata a noticia de rincón del año es, no puede ser otra, el tirapiedras colosal de Llamas de Rueda.

El tirachinas gigante que han colocado en un mirador de Llamas de Rueda es lo más parecido a una lanzadera, quizá como homenaje a aquella Agencia Espacial que iba a llegar a tierras despobladas y acabó en Sevilla. Y salió por 70 euros: un chopo como horqueta, restos de un palé para la badana y unas telas para sugerir las gomas o ligas de caucho. Bancos, columpios y ahora tirapiedras colosales se postulan como incentivos para un turismo de selfi y red, instagramático y agramatical, porque a ver qué sintaxis cabe establecer entre un paisaje y lo que viene a ser una catapulta. No creo que nadie pretendiera sugerir un asedio o un ataque al recoleto pueblo a orillas del río Corcos. En esa sugestión de paradoja me parece a mí que hay una grandeza de espíritu y hasta un mensaje social, aunque venga tan velado como una reivindicación de cantautor. No sabe uno si nos tratan de decir que a tiro de piedra está un hermoso pueblo o que ya está todo dispuesto para comenzar su bombardeo. En cualquier caso, este tirachinas mastodóntico ha venido para quedarse en nuestro imaginario de enormidades, al lado de la rotonda inclinada de los Hospitales.

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