al traslUZ
Escalera de dolor
No conservo mis libros de colegio, pero recuerdo con nitidez una preciosa ilustración de Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, incluida en el de Literatura, de 4º de Bachillerato. Hoy, la célebre obra vuelve a los escenarios madrileños, al Teatro Español, donde hace 75 años fue estrenada, ahora dirigida por Helena Pimenta. Y regresa con rellano leonés a las librerías, gracias a la Biblioteca Castro. El día 28, será presentado en dicho teatro, el primer tomo —de tres— de sus obras completas, en edición del catedrático astorgano Javier Huerta Calvo, en acto público estructurado como diálogo entre este y Luis Mateo Díez. En mi memoria aparecen y desaparecen imágenes en las que visualizo de chaval, en el salón de casa, quizá en Estudio 1, una versión de Historia de una Escalera, pero puede ser que sea un espejismo, que solo leí el fragmento que incluía dicho libro de texto, con aquella ilustración a media página. En fin, quizá solo escuché a mi padre hablar con respeto del hombre y del dramaturgo. Académico y representativo del «exilio interior», que además había sufrido la cárcel franquista. Me impresionaba su rostro en las fotografías, su semblante triste y grave. Sí recuerdo, ya sin duda, a mis padres yendo al estreno de La Fundación, porque me apropie del programa de mano, de gran formato. Converso por teléfono con Huerta Calvo y le felicito. Me interesa mucho su mirada sobre las tragedias de Buero, dado que nuestro paisano es uno de los mejores expertos no solo en este autor, también en el teatro cómico tanto del Siglo de Oro como del contemporáneo. Demócrito y Heráclito pasean juntos.
Buero combinaba la calidad del texto con innovaciones en la puesta en escena. Me pregunto si su rostro expresaría hoy tanta tristeza y el porqué. En la presentación estará su hijo, gran ocasión para preguntárselo. Con los años, nuestra vida nos explica la de nuestros padres.
Me gustaría escuchar tal diálogo leonés, pero no me será posible; tampoco —intuyo— volveré a contemplar ya la preciosa ilustración. Pero sí viajaré un día a Madrid, a disfrutar sobre un escenario con Historia de una escalera, antes habré disfrutado de su lectura en el primer tomo. Un clásico del XX y para siempre.