AL TRASLUZ
El amor no envejece
Hoy es San Valentín, pero todos los días son buenos para cantar en la ducha «Just a gigolo». Ah, el patrono de los enamorados. Desde la etimología, Valentinus es patronímico de valens. Es decir, viene de valor. Enamorarse es épica pacífica. Además, para amar ni siquiera es necesario ser correspondido. Pero si además lo eres… entonces, ¡ah, carallo! Aquel remoto big bang cósmico ocurrió para que tú te enamoraras y enamorases, aunque esto último —insisto— no es imprescindible. Pero si lo eres… ¡ah, la felicidad! Lo sé, don Quijote estaba enamorado de oídas. A él le valía. Todo es mucho más complicado, y a la vez, mucho más sencillo, maravillosamente sencillo. Aquí es donde mi lectora de pasado turbulento se le cae un lagrimón y dice: «Ay, también yo soy muy devota de san Gustirrinín». Bueno, algo apócrifo, pero vale. Al corazón le está permitido crear su propio santoral, pues solo por amar merece la pena haber nacido. El amor verdadero crece cada día. ¡Menuda estupidez esa de que con el paso del tiempo declina en afecto! Este sentimiento no son meras migajas. Leo que el poeta Gil de Biedma solía decir «ahora de que casi todo hace veinte años». En mi caso, incluso treinta, o más. Pero entiendo lo que quiso decir. Algunos tenemos ya ayer del anteayer del anteayer. Pero en lo personal, ya lo he contado, tengo mis trucos: por ejemplo, contabilizó mi propia edad solo a partir de que conocí a mi mujer, el resto lo considero mito; es decir, mitad verdad, mitad leyenda. Dicho esto, los años nos dan además ese tesoro llamado viejos amigos. «Desde siempre», decimos. Así es, también el amor desde antes de que te llegase ya estaba en tu cofre. Esperando.
Sin embargo, Cupido me parece algo escaso de presupuesto. Sigue con el mismo arco y las mismas flechinas. ¡Por Zeus! ¿Es que en el Olimpo no hay inspección de trabajo? No diré que vaya por ahí disparando misiles —sobran-, pero unos perdigones…unas buenas pedradas.
El amor es alegría, compasión, perdón, fraternidad… y sí, a veces, dolor. Nunca lo comprenderemos del todo, pero ¿quién necesita una explicación? Gracias, San Valentín. Tómate algo —o algos— allá arriba, brinda a nuestra salud y di al mesonero que ya me pasaré algún día a pagarlo.