LEÓN EN VERSO
La charlotada de Europa
La Unión Europea nos pilló con los nabicoles en el plato labrado, como ese cristal que impedía mirar dentro de las sacristías; y hubo que levantarse a toda prisa, apurar las dos últimas cucharadas, y dejar el caldo, que eleva el pan de hogaza al punto del delicatessen; y salir a los campos a recoger los restos del rebaño, el primer naufragio en tierra adentro de la última generación educada en la conformidad, la virtud que fabrica paz mental en serie y evita el abismo de las frustraciones. Los nabicoles salieron de los huertos al tiempo que hicieron recrecer las salas de espera para el médico de cabecera, en busca de placebos para los problemas que iban a crearnos y así aplicar sus soluciones. En eso se han basado los cuarenta años del supremacismo del círculo de estrellas que ondea mientras el himno a la alegría satura el hilo musical para disuadir al hombre de la posición que le podía sacar de pensar. Quitaron los nabicoles y pusieron el arroz rojo en los saleros para sazonar el revuelto de larvas del gusano de la harina y los saltamontes del retiro espiritual de san Juan Bautista. Come quinoa. Apaga la caldera. Tapa el frío con la manta. Caliéntate con aerotermia. Empobrece. Para el coche. Viaja en bicicleta. No pienses en el futuro. Ni lo sueñes. Y así, hasta glosar el repertorio de eslóganes con los que nos cambiaron la felicidad por el evangelio ideológico de Die Linke de la rancia Alemania, el narcisismo francés que engendró a Macron y el servilismo luterano que presta Von der Leyen. León cayó cuando dejó el puchero sin nabicoles, que vuelven a ser el único plan posible para salvar la jubilación y la economía familiar. El poder no admite coincidencias. Sólo alguien que sufrió en sus carnes esta política puede escarnecer a los autores intelectuales y materiales del acoso. JD Vance le habló a los supremacistas europeos que nos joden desde hace cuatro décadas con la misma motivación que tienen los pobres leoneses para sacudirse esa patraña que nos quitó los nabicoles. Los Apalaches lindan con los Montes de León. Ojalá que en Alemania se abran las puertas del infierno para esta Europa que nos martiriza.