CANTO RODADO
Omertá
Salieron miles a la calle contra una injusticia lacerante y fue como si se hubiera manifestado una sola persona
Un inmenso silencio siguió al estruendo. La manifestación para exigir soluciones que eviten el colapso definitivo de León fue ignorada. Como quien oye llover en un otoño húmedo. Un murmullo de silencio. Un silencio vergonzante. Ni una triste valoración del dolor que hay detrás de miles de personas. Ni un compromiso político. Unos se fueron a tomar vinos detrás de la Diputación y otras a quejarse de que en León hay ambiente de procés catalán.
Ninguno corrió a ver a sus jefes a exigir un gesto, una palabra, un compromiso.
Salieron miles, pero fue como que si se hubiera manifestado una sola persona. Salieron a protestar por una injusticia lacerante, de la que son cómplices sucesivos gobiernos centrales y autonómicos, y también los peque gobiernos locales, y se lo tomaron como si un grupo de amigos y amigas hubiera salido de paseo.
Nada se ha movido en una semana, salvo la galáctica estación de Valladolid que emergió de la megalomanía política. Una obra que abre ampollas a un lado y a otro de la línea divisoria de las vías y que, por muy merecida que esté y necesaria que sea, no requería ni la ostentación ni la chulería del ministro. Poco tienen de servidores públicos quienes como Óscar Puente, están al frente de un ministerio y se comportan como influencers de pacotilla: «¡Dios me libre de hacer valoraciones!!
Todo se resume en este tuit. La omertá de una clase política ajena a su misión. El silencio de la cosa nostra.
La otra respuesta han sido las mentiras atronadoras o las medias verdades que son tan falsas como las mentiras. Esa bola que crece sin necesidad de que nieve, según la cual León está fenomenal, incluso con unas cifras de paro tres puntos por debajo de la media nacional, que dice Mañueco.
Si es que León ya no queda gente ni para el paro. Porque la juventud se está yendo desde hace décadas. Y la que se avecina es una crisis de cuidados de campeonato, de la que no se van a librar ni los que salen con banderitas a exigir el privilegio de una sanidad privada a costa del erario público y que tiran piedras contra los leonesines que aún tienen esperanza en que algo cambie.
Decía mi madre, tan sencilla como sabia, que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Exactamente esto es lo que han hecho nuestros líderes y lideresas después del 16-F. Los convocantes se acobardaron y tampoco han reclamado con orgullo su resiliencia después de cinco años.
El leonesismo ha crecido con la decadencia leonesa, pero se han confundido las legítimas aspiraciones por una autonomía leonesa con una crisis general. Ayer, otros leoneses, miles de bercianos, se manifestaron en Valladolid porque la sanidad pública a que tienen derecho se le regatean y precarizan. La voz de Oncobierzo y otras muchas faltaron en León. Porque no hemos aprendido que hay que tirar juntos del carro.