Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS

Las buenas maneras

La vuelta a la época de las cañoneras parece que se está consolidando

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Siempre me han gustado las personas tranquilas y educadas. Fundamentalmente porque no generan estrés y en consecuencia no perjudican la salud ajena. La obligación de ser educado para con uno mismo y los demás nunca será suficientemente tenida en cuenta. Ser educado dignifica a la persona, lo contrario la denigra.

El crecimiento personal comienza por inculcarle a los niños el máximo respeto por los demás, por comportarse de forma convencional o civilizada, de manera que podamos convivir con personas de todo tipo y cultura. Todo el planeta sabe como hay que comportarse mínimamente para ser respetado y que te respeten. Antaño, cabía la posibilidad de que se produjeran ciertas sorpresas culturales porque la interrelación entre personas a nivel global era escasa. Así, nos podría sorprender que alguien eructara sonoramente para demostrar el agradecimiento por la comida que se le había ofrecido y para acreditar que era de su gusto. Considero que actualmente, es difícil que se diera este caso fuera de las culturas que practican tal hábito, precisamente por respeto a los demás. Sin embargo, en este tema, como en todos, hay mucha disidencia. Están aquellos que simplemente adoptan una postura beligerante frente a los convencionalismos para sentirse diferentes. Otros lo hacen porque su carácter está regido por una bilis revoltosa, aunque sean los personajes más ilustres del mundo. La escena en la Casa Blanca entre el presidente Zelenski y el presidente Trump y su equipo, más allá de consideraciones políticas, militares y económicas, dejó anonadado a más de medio mundo. Rompió con las ideas que todos teníamos en mente de glamour y sutileza que debieran presidir las relaciones diplomáticas. El encuentro se pareció más a un partido de fútbol americano en el que un equipo vapuleó al otro sin misericordia delante de las cámaras. El lenguaje verbal y no verbal fue realmente inapropiado para la entidad de las personas concurrentes, tanto las que salieron en la televisión como las que se encontraban en la sala. Estas últimas por omisión. Alguien que estimara bien al presidente Trump debiera haberle enviado alguna señal de que estaba descalificándose a sí mismo con una conducta impropia de su rango. Sin entrar en el fondo de la cuestión, la estética de la escena no puede agradar a nadie. Ser anfitrión supone en todas las culturas cuidar a tus invitados de forma exquisita, aunque el invitado no sea mucho de nuestro agrado. Lo siguiente es que los próximos en visitar la Casa Blanca igual se lo piensan antes de ir, o al menos deciden ir acompañados con un grupo de hooligans por si hiciera falta equilibrar fuerzas. No es un buen momento para la diplomacia, ni para la delicadeza de trato en las relaciones internacionales. La vuelta a la época de las cañoneras parece que se está consolidando. Algo impensable hace unos meses. Las alianzas se están redefiniendo, los viejos amigos parece que no quieren seguir siéndolo y un desconcierto generalizado se puede apreciar en nuestros líderes europeos. Es una buena lección para la vieja Europa, no se puede arrendar nuestra casa a un foráneo por muy amigo que sea y le debamos gratitud por salvarnos de la dictadura Nazi. Las democracias liberales pueden verse minadas por la ruptura de las alianzas que le han permitido resistir al comunismo y que ahora aparece como nacionalismo patrio. Mientras tanto Putin, se ríe.

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