EL RINCÓN
La memoria covid que quieren enterrar
Sánchez, el desenterrador de momias franquistas del siglo pasado, quiere enterrarnos la memoria doliente del covid, al igual que quiere hacer con la sangrienta de ETA. A los asesinos etarras nos los quiere hacer pasar por beatíficos príncipes de la la paz, y a la inacción, mentira, ocultación del dolor y la mortandad con trinque y corrupción añadidos durante la pandemia venderla como ejemplar y heroica actuación gubernamental y, por supuesto, personal. Y si lo vivido aquellos primeros días del covid fue terrible y hasta repulsivo, lo que ahora nos pretender colocar como relato veraz es una infamia aún mayor. Es una burla a nuestros muertos y un insulto a nuestro dolor.
Aquello lo vivimos y lo sufrimos todos. A quienes osamos levantar la voz ante la evidencia de lo ya era una letal realidad nos llamaron catastrófistas y nos señalaron como enemigos de la sociedad. Perdónenme el apunte personal: aquella fue la razón por la que decidí abandonar, asqueado, las tertulias de televisión. Los esperpentos se iban superando unos a otros, al tiempo que se prohibía el sacar imágenes de lagrimas y ataúdes, ¿recuerdan ustedes la escandalera y los feroces ataques a El Mundo publicó una foto de ellos o se pilló a Rajoy y se le acusó sin casi de criminal, dando un paseo a solas alrededor de su casa? Se preconizaban fiestas en los balcones y en el colmo de la falta total de empatía con el sufrimiento, un entonces alcalde de Guadalajara, ahora ex y colocado como diputado, ordenó amenizar las calles de la ciudad con una disco-movil que con alegres canciones recorría los barrios, donde en cada portal moraba una familia que no podía ni velar al ser querido que acababa de morir. «Salimos más fuertes», a lo mejor aún le suena a algunos.
Y ahora, cinco años después, por dónde nos han salido. Pues por donde siempre y con lo mejor que saben hacer, su fórmula exitosa y habitual: mintiendo a calzón quitado, lavándonos el cerebro, dándonos el cambiazo de recuerdo por patrañas repetidas una y mil veces e intentando cargar el muerto y utilizar el dolor para destruir a quien les planta cara y temen de verdad. A eso se han dedicado estos días de atrás y en ello seguirán. Tapando sus vergüenzas, las de Sánchez, las de Carmen Calvo, las de Simón, las del inexistente comité «asesor», las de Illa y toda la parva ministerial, la de Pablo Iglesias y aquella solemne y televisada asunción de la exclusiva y nacional competencia sobre todas la residencias y en el colmo de la obscenidad las de los Abalos, Koldo y cia sacando tajada ademas. ¿Y a quien se le intenta colgar el sambenito hasta de asesina? Pues ¿a quien va a ser? A quien le tienen verdadero pavor. A Ayuso, que como presidenta de Madrid fue la que primero dio la alarma.
Los humanos tendemos, por mera autodefensa, a olvidar y no querer rememorar lo que nos hizo mucho daño. Esta intentona de revolvernos los muertos y echarlos sobre aquella que odian y temen me parece que les ha salido mal. Hemos hecho memoria y recordado. Colgarle los 120.000 muertos, fueron bastantes más, a Ayuso ha podido ser demasiado hasta en este olvidadizo pueblo español.