Diario de León

CUARTO CRECIENTE

Carlos Fidalgo

Carlos Fidalgo

Panacea y el rebelde polaco

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Panacea es el nombre de una cooperativa de investigadores que tienen su sede en Ponferrada. Expertos en desarrollos de software de Inteligencia Artificial (IA), en diseño, antropología y técnicas forenses, se sientan delante de sus ordenadores en una discreta oficina del centro para crear aplicaciones que ayudan a expertos forenses, a otros investigadores, o agentes policiales de lugares tan alejados como México y Ucrania. Quizá, pronto también en España.

Panacea ha desarrollado la apliación Skeleton-ID, que ya ayuda a las fiscalías de dos estados mexicano, Guanajuato y Quintana Ro, a ponerle nombre a los restos de personas asesinadas superponiendo la imagen de sus cráneos escaneados con las fotografías que se conservan de desaparecidos. Panacea también ha firmado un acuerdo con el Instituto de Medicina Legal de Ucrania que puede ayudar a identificar a los soldados caídos en el frente y otras víctimas de la guerra con Rusia.

Uno de los primeros casos que investigaron ayudó a verificar, precisamente, las identidades de diez de los veinte hombres enterrados en una fosa secreta en la colina del Castillo de Vilna, líderes del levantamiento polaco y lituano contra el Imperio Ruso en 1863. Entre esos hombres de los que se tenía una fotografía con la que cotejar los restos exhumados en 2017, más de un siglo y medio después de la rebelión, estaba el del líder del levantamiento, el militar polaco, nacido en lo que hoy es Ucrania, Zygmunt Sierakowski, que ganó dos batallas y perdió la guerra. Que resultó herido en combate y fue capturado. Que fue condenado a muerte por los rusos y ahorcado en una plaza de Vilna. Y después, enterrado de forma secreta en la colina de la fortaleza.

La IA, está claro, no es la panacea que resolverá nuestros problemas. A veces nos creará dificultades nuevas. Pero en el caso de los crímenes en México, los caídos en Ucraina, o los rebeldes del voivodato de Kaunas, la tecnología ya está ayudando a cerrar algunas heridas. Aunque hayan pasado ciento cincuenta años.

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