CORNADA DE LOBO
¿Tumba o urna?
Mausoleo de agua son los pantanos en los que, descendiendo su cota por sequías o desembalses, afloran los pueblos que sepultaron con sus campanarios y edificaciones como si quisieran avisar al mundo de la muerte que viene al galope si el agua se va y no vuelve. Y entonces el vaso vacío de los embalses se convierte en un cementerio a la vista, paisaje sepulcral e inmóvil, un guantazo de pena que se hace rabia... u olvido. El embalse del Luna engulló a dieciséis pueblos y poblados. El de Riaño, a nueve. El de Villameca, a uno, Oliegos al exilio. El de Bárcena, a dos. El de Vegamián, a seis y medio... En todos ellos aflora de vez en cuando lo que sepultaron y la memoria renace dolida porque sigue en pie el robusto tronco de los árboles alineados en carreteras o linderos, hoy con su mueca fantasmal intacta que no lograron borrar setenta años sumergidos en un agua que no les pudre, cosa admirable; y afloran muros y tapias, casas, corrales, campanarios, puentes, ermitas... o cementerios con muchos restos que nunca se trasladaron. Es como si todo quisiera seguir vivo bajo una muerte líquida que no lo ha desfigurado del todo. Bendita terquedad, recuerdo intacto. Y aviso a navegantes.
Sin embargo, en el embalse de Riaño nada de esto aflora. En él, por primera vez, el ejército confederado dictó asolar todo lo edificado en su vaso y borrar cualquier memoria de piedra que les gritara o maldijera ¿Alivió sus culpas la voraz maquinaria que derruyó todo lo que la historia edificó en sus valles?. Fue un insulto. Y el resultado, una gran urna vacía con sólo cenizas en su fondo, ojo cegado, silencio mortal. Pero debió seguir siendo tumba a la que llevar flores o lágrimas cuando vengan sequías y se alcen incorruptos sus pueblos diciendo que no han muerto del todo y que les cabe un revivir cuando a esas presas les llegue también su muerte.
Escribo esto para nada al andar hoy los embalses gordos con tanta borrasca y jarrear, pero volverán veranos saharianos como el que vació el embalse del Luna hace ocho años, dando allí las gracias los muertos que no se llevaron por dejarles un tiempo al sol.