FUERA DE JUEGO
Estrechez viaria
En mi ciudad natal cuentan que hace años hubo un concejal de Tráfico que era maquinista de Renfe. La cosa tenía inconvenientes. No entendía que los coches sí se cruzaban, no como los trenes. Tampoco que por las calles se podía circular en ambos sentidos, incluso con más de un carril. Y lo peor: no tenía carné para conducir coches. Quizá con ese panorama se entienden muchos de los problemas heredados, esos que afectan a las pequeñas ciudades empeñadas en no tomar decisiones ajustadas a sus dimensiones y a sus realidades.
Las peatonalizaciones activadas hace más de dos décadas en los cascos históricos fueron un gran éxito. Facilitan grandes espacios para las personas (si lo permiten las motos, bicis y patinetes). Pero tuvieron consecuencias nefastas al expulsar a los vecinos al hacer inviable la entrada y salida con una cierta normalidad. Luego llegó el llamado ‘calmado de tráfico’ y los efectos, los mismos, se extienden a los llamados ‘ensanches’, barrios de comienzos del siglo XX que, poco a poco, se desangran enviando a vecinos, comercios y actividad a los nuevos polígonos de las periferias.
En estos cambios hay situaciones con razones que no están al alcance de cualquiera. Lo del entorno de la estación de Feve de Padre Isla sigue en vía muerta. Y quizá mejor. No se entiende que en plena fiebre anticoche se castigue a un lugar de gran actividad como Espacio Vías a ver cercenada su explanada para que pasen los coches con la prolongación de una calle Bilbao que nunca llegó tan lejos. Y curiosamente cuando en paralelo existirá una alternativa por la calle Renueva con su prevista inversión de la marcha. Por eso, y por lo del cruce de la avenida de Palencia con Sáenz de Miera y el paseo de Salamanca, hay que pensar que los dioses echan una mano al retrasar en el tiempo las cosas que apuntan a ilógicas. Allí, junto al Riosol, siguen dándole vueltas a una glorieta que a poco que se pase por allí se percibe que será incapaz de digerir todo el tráfico existente. Con los imprescindibles pasos de peatones ‘tensionando’. Sería algo así como quitar los semáforos de Guzmán (y eso que es más grande) o a las glorietas del corazón de las grandes ciudades, donde ni se lo piensan. En horas punta se ve cómo la glorieta de la Junta o la de Cantamilanos (son buenos ejemplos) no dan para más. Justo, en el acceso clave hacia León por Guzmán, la regularización semafórica puede mejorarse, facilitando nuevas rutas ahora imposibles, pero las rotondas eficaces tienen también sus requisitos mínimos. Y más si pasan tantos peatones.