Diario de León

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Quedó claro por qué al Barranco de Don Gutierre se le llamó de antaño Calle de Apalpacoños y así figura en viejos catastros, papelotes y hasta en el callejero franquista de 1940, aunque censuradita, «Apalpa C...».

Aclarado lo cual, toca ahora aclararse con el origen de la palabra que da nombre al paseo de Papalaguinda del que nadie sabe o nada se dice, nombrecito raro donde los haya. Y puro misterio. Tengo que ese origen es sin duda popular, sincerote y seguramente tan turbador como Apalpacoños, razón por la que ningún cronista lo cita siquiera y aún menos se atrevió a explicarlo, cosa bien rara en un pesquisador. Nada. Nadie. Campo libre, pues, para inventarse teorías y colar leyendas en colorines, como la que contaba el padre Albano, bondadoso profesor y carmelita de entusiasta afición historicista, diciendo que paseaba un día por ahí el rey con su hijito el infante Juan, compró guindas en un puesto y, para que no se atragantara, acordó dárselas de una en una, con lo que el guaje no dejaba de reclamar a cada poco «¡papá, la guinda!». Y que de ahí viene. ¿Habrá algo más ridículo y tontorrón?...

Y aquí va lo que creo. Ya en el siglo XIX el vulgo de esta ciudad llamaba a este lugar Apalpalaguinda en remedo finolis del popular Apalpacoños. Oficialmente sólo era el Paseo del Calvario (qué mal fario) yendo de Guzmán a la muralla del monasterio de San Claudio que la furia cazurra asoló. Tuvo incluso árboles y algunos bancos. Eran las afueras contiguas. Y al pie, el Bernesga con sotillo y matorral salvando una barranca. Por allí paseaba entonces la ciudad decente concurriendo las parejitas en atardeceres que pedían esquinarse o emboscarse y, así, ver de palparse la guinda, pues las niñas decentes y las novias formales no tenían coño como las putas del Barranco, sino fruta, fresa, higo, guinda, fruto rojo (tócame la guinda, Domingo). Y el nombre acabó de dominio tan popular, que al untamiento no le quedó otra que oficializarlo tras irse haciendo menos explícito: Papalaguinda. Menos mal que el ingenio popular y chirigoto del cazurro no se puso más ceporro, porque bien pudo haberlo llamado Paseo de Apalpalabreva.

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