Diario de León

cuarto creciente

Carlos Fidalgo

Carlos Fidalgo

El sueño de Vargas Llosa

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«La neblina disolvía el contorno de los tres bloques de cemento que albergaban a los cadetes del quinto año y les comunicaba una apariencia irreal». En el comienzo de La ciudad y los perros, la primera novela de Mario Vargas Llosa, el colegio militar donde se mueven los personajes aparece descrito como una sombra. Vargas Llosa, dice la leyenda, comenzó a escribir esa historia en una tasca de Madrid en 1958 y la terminó en una buhardilla de París tres años después.

Se inspiraba en su experiencia en el Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, donde pasó un año cuando era adolescente, y se iba a titular La morada del héroe, luego Los impostores, hasta que un crítico literario le sugirió La ciudad y los perros. Vargas Llosa presentó una versión de mil doscientas páginas a distintas editoriales. Y todas la rechazaron.

La novela era dura. Los editores en España pensaban que aquella historia de cadetes en un colegio militar donde el autor critica los valores castrenses, la hombría y la agresividad, difícilmente recibiría la aprobación de la censura franquista. Y fue Carlos Barral, el no menos legendario editor de Seix Barral, el que encontró la forma de esquivarla tras otorgar a la novela el Premio Biblioteca Breve en 1962.

Ahora que Mario Vargas Llosa ha muerto en Lima, convertido en uno de los últimos tótems de la literatura en castellano después de ganar el Premio Nobel o de ingresar en la Academia Francesa, entre un listado de reconocimientos tan amplio que tiene su propio artículo en la Wikipedia, vuelvo a esas primeras frases de La ciudad y los perros, a la neblina que disolvía el contorno de los tres bloques de cemento del colegio militar, y pienso en todo lo que tiene de irreal el mundo literario. Si dentro de cien años (¿de soledad?), los lectores seguirán abriendo los libros de Vargas Llosa, como ocurre con los de Flaubert y Víctor Hugo —dos autores con quienes se ha comparado al limeño— o su estela se habrá desvanecido, convertida en el sueño de un joven escritor que un día se sentó a imaginar una novela en una tasca de Madrid.

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