Diario de León
Alfonso García

Alfonso García

Antonio Pereira vive en La Habana

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La Habana es una de las ciudades literarias de mayor raigambre en el mundo. Solo hace falta recorrer sus calles, o pasear el cementerio Colón, para tomar conciencia de esta afirmación. Curiosamente, y sin ningún alarde que esté fuera de lo comprobable, «Cuba y León tienen profundos vínculos que van mucho más allá de las puras apariencias». El entrecomillado lo escribí en abril de 2018 en estas mismas páginas, hablando, sobre todo, de la conexión leonesa con Carpentier y la casa donde alumbró El siglo de las luces. Por estar cerca el Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, la alusión sin duda al más universal de los pintores cubanos, que residió un tiempo en la capital de nuestra provincia en la década de los treinta del pasado siglo.

Vuelvo a Alejo Carpentier, que en 1941 se casó con Lilia Esteban Hierro en la iglesia de Santa María del Rosario, la llamada «catedral de los campos de Cuba», a las afueras de La Habana. Lilia, que es la figura que cobra sentido en el contexto de este relato, fue una activa intelectual que ejerció como tal hasta su muerte (2008). «Si no todos los años, casi todos Lilia, la viuda de Carpentier, viajaba a España, en los años noventa especialmente. Y allí compraba muchos libros. Fue así como tuve la oportunidad de leer a Antonio Pereira. Y como yo, también otros leyeron su obra. ¿Qué fue de todos aquellos libros? En el testamento de Lilia tenían un destino: la Biblioteca Nacional. Allí deberían estar».

Quien así habla a servidor y a Joaquín Otero, presidente de la Fundación Pereira y sobrino del escritor berciano, es José Antonio Baujín, vicerrector de la Universidad de La Habana, director de la Cátedra Cervantes, eminente filólogo y miembro de la Academia Cubana de la Lengua. No es mal asunto este conocimiento como paso importante para la celebración de un simposio sobre Pereira, que tendrá lugar en noviembre en La Habana, uno de cuyos actos tendrá al doctor Baujín como sustento académico y vital. Si Pereira ya vivía en La Habana, a partir de ahora lo hará con mayor intensidad. «Estamos seguros —afirma el profesor cubano Gerardo García Barceló— de que la obra del leonés será leída con atención y disfrute por los cubanos». Observo imaginariamente en este momento a Antonio Pereira paseando por La Habana. Ensimismado, aunque atento a cuanto ocurre a su alrededor. Camina lento, apoyado en su bastón. Estoy convencido de que busca a Carpentier para que le explique por qué es esta precisamente «la ciudad de las columnas». Y es que el entrañable Pereira necesita un par de datos para el cuento que está escribiendo. Incansable.

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