Diario de León

Afrodisio Ferrero Pérez

Abogado Y Periodista

La Catedral: un universo de arte y civilización

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Decíamos en un comentario anterior que la Catedral de León se conoce como la Pulcra Leonina y que destaca por su luminosidad (Diario de León, 15/4/25) y en efecto, es así:» más luz que piedra». Corría el siglo XIII, «con su espíritu luminoso y culto, intelectual y refinado, rompiendo con la baja Edad media, cuando se plasma en su arquitectura, el estrecho límite en el que las matemáticas y la técnica se armonizan para engendrar su belleza», afirma la historiadora, Elena Gómez Moreno (hija de Don Manuel Gómez Moreno vinculado a León por su intensa dedicación al estudio de nuestro patrimonio monumental).

En general, la impresión que tenemos de nuestra Catedral es de asombrosa belleza al contemplar— de frente— las torres: Norte y Sur, su hastial armonizado con el gran rosetón, ventanales, triforio y elementos enmarcados en el frontón triangular. Y a continuación, pasamos a su interior por la gran portada central, dividida en tres pórticos: San Juan, Juicio Final y San Francisco, cuyas peculiaridades hemos enumerado en el comentario anterior (sin olvidar jamás a la Virgen blanca en el parteluz). Por otra parte, no olvidamos que existen otras dos portadas Norte y Sur. La fachada septentrional está dedicada a la Virgen del Dado. Y la del sur o meridional a San Froilán. En concreto, son dos portadas poco conocidas de ahí que sea oportuno referirse en primer lugar a la leyenda, según la cual, la cara del niño que sostiene en sus brazos sangró al recibir el impacto del dado que le arrojó un jugador ebrio que perdía una partida en la calle. La escena está plasmada en la vidriera del ventanal del muro opuesto, que se remonta al siglo XV y fue realizado por el maestro Valdovín sobre cartones de Nicolás Francés. Pero alrededor de esta imagen hay mucho más, y el director del Museo Catedralicio Diocesano, don Máximo Gómez, ha resumido en mil palabras el universo iconográfico de esta denominación «Puerta de la Virgen del Dado». La leyenda dice que se arrepintió y volvió a su juego y esta vez tuvo fortuna merced a la ayuda de la Virgen María. En cuanto a la portada de Sant Froilán cabe decir que se halla esculpida, su vida, en el tímpano y sus arquivoltas, del que fue el obispo de León en los albores del siglo X, que es, en suma, el patrono de nuestra ciudad con San Juan y San Pedro. Tras estas pinceladas, pasamos a evocar los «aspectos de la Catedral por dentro», es decir, el templo de la luz, el milagro, luminoso y de esta forma, enlazamos con nuestro comentario anterior. Pues bien, después de los primeros maestros (Maese Enrique y Joan Pérez) en el siglo XIII surgen nuevas vidrieras para cubrir huecos de los muros con grandes panales, hasta llegar a completar mil ochocientos metros cuadrados, con ciento veinticinco ventanales y setecientas treinta y siete vidrieras que hay que conservar y en parte restaurar. Desde el siglo XIV hasta el siglo XX se va creando un espacio con una luminosidad fantástica que matiza la piedra con su luz y color, gracias al trabajo de artistas nacionales y extranjeros, maestros geniales: Simón, Pedro Monoz, Alfonso Rodríguez, Guillen de Rohan. Y tras esta generación surgen otros maestros Nicolás Francés, Jusquin, Juan Domínguez, Juan de Badajoz, Juan López, Laviña, Bolinaga, Callejo Madrazo, etc. Así llegamos al momento actual con el programa cultural: «El sueño de la luz» (2006-2009) para la conservación y restauración de los vitrales cromáticos. «Las vidrieras como si pidieran un precio a pagar por su belleza», indica mi interlocutor y partícipe de esta misión, cuando tuve la fortuna de contemplar los ventanales a muy poca distancia. He de confesar que fueron momentos de gran emoción, de admirar escenas como la famosa vidriera de la cacería y otras semejantes de la nave central y rosetón del brazo norte del coro, sin olvidar el conjunto de la capilla mayor con el retablo remozado del siglo XV, pintado por Nicolás Francés y el maestro Palanquinos. «Los ventanales añade mi interlocutor (componente del equipo de conservación y restauración) vislumbran con esa mística de la luz la Gracia simbolizada por el árbol de Jesé (genealogía de Cristo) que ocupa el ventanal central». En resumen, el conjunto de vitrales de nuestra Catedral refleja los vicios y las virtudes, los santos del cielo, la armería de ciertos linajes leoneses, flora ornamental, mitras, cetros y coronas que componen las claves y motivaciones de ese mundo de color que transmite un poema de vidrio único en Europa y en el mundo. Confieso que había creído en la terminación de su restauración y conservación, pero resulta que el programa citado solo ha ejecutado su actividad restauradora sobre cuatrocientos cincuenta metros cuadrados. En este sentido Verónica Viñas señala que no haya culminado la obra (Diario de León, 23-1-23) y requiere por tanto su terminación para «evitar una pesadilla». Estoy convencido de que la Catedral de León transmite ese poema de piedra y luz que el abad Antonio Viñayo nos describe: »la Catedral de León pulcra en sus piedras y pulcra en sus vidrios, en su armonía y equilibrio de luz, es una de las emociones más gratas para el sentimiento artístico de cualquier visitante». Hasta los poetas de nuestra tierra se hacen eco de esta realidad espiritual: ahí están los vitrales refulgentes con su iluminación y su pureza de una Catedral llena de grandeza para creyentes y no creyentes». Finalmente es oportuno reiterar que hay que insistir para conseguir que León sea declarado por la organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco) «Patrimonio de la Humanidad.» Porque existe un universo de arte y civilización, donde en cada piedra se gesta un aura de Cultura»; nos recuerda el poeta Luis Carnicero. Nunca olvidaremos a uno de los primeros personajes que señalaron, en su día, que León tenía todos los requisitos para ser declarado «Patrimonio de la Humanidad», me refiero al padre Antonio Viñayo, que pronunció estas palabras: «Todo en León es misticismo, paz, historia, arte: Catedral, San Isidoro, San Marcos, murallas, camino jacobeo, entorno monumental». Y y además añadiremos por nuestra parte tres grandes tesoros para acceder al Título de Memoria del Mundo (Unesco): El cáliz de Doña Urraca, la Virgen Blanca y el famoso Pendón de Baeza. Por todo ello, es la hora de las instituciones para emprender y conseguir el objetivo tan justamente merecido: Ayuntamiento, Diputación, Junta de Castilla y León, Cabildo de la Catedral, Abad de San Isidoro y de la inmensa mayoría de leoneses que tenemos solo el poder de la palabra. Que nuestros patronos San Froilán, San Juan y San Pedro nos ayuden en esta noble aspiración.

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