FUERA DE JUEGO
Me resisto a quitar el contacto
Como el móvil se ha adueñado del mundo, también dirige el tiempo y sus cambios. Hace poco me hablaban de este terrible momento que supone el borrar de la agenda del teléfono el número de alguien tras conocer su fallecimiento. Es algo así como una ceremonia del «para siempre». Estos días, tendría que buscar en la «C» a Cacha para suprimirlo, pero quizá lo posponga. Como un homenaje personal al que no era infrecuente encontrar rebuscando para intentar localizar algo o, sobre todo, algún papel que sabía que lo tenía, pero no dónde.
En las llamadas recientes tuve que bajar hasta el miércoles 16 de abril para encontrar el último contacto. Cada tarde-noche intercambiábamos wasap por motivos laborales, pero las llamadas quedaban reducidas —por acuerdo tácito mutuo— para lo muy urgente o grave. Aquel miércoles, a las 22.46 horas, conversamos durante 2 minutos y 22 segundos. Recuerdo perfectamente la situación, y supone un buen ejemplo de la vida profesional de nuestro compañero. El dron de la Policía Municipal de Ponferrada se había estrellado. Pero no en cualquier sitio. Justo delante de él. Tenía algo así como un don para presenciar, o quizá percibir, lo que a la mayoría se nos suele escapar. Y también exhibía una inagotable ansia por conocer y entender.
Seguro que, estos días, era un auténtico experto sobre los candidatos a Papa. Pero no en plan «cuñao», como se dice ahora. Era un incansable lector de prensa. Allá dónde iba, acababa encontrando un dato que hacía relación a algo de la provincia de León. Sabía de tantas cosas que tenía la posibilidad de charlar con cualquiera sobre su campo de conocimiento, sin mayores conflictos. Y especialmente si era algo que se salía del guion previsible.
A Cacha le llegó el apagón demasiado pronto. Conocía bien lo que era una mina y una térmica. Lo vivió en casa desde niño. Y es muy probable que, tras el «cero» de la red eléctrica de la semana pasada, leyó y releyó todo tipo de informaciones y opiniones, sorprendido con tanto desliz y tanta maniobra.
Él iba a lo suyo. «¡Cosas de Cacha!». No son tiempos fáciles para ponerse a puerta gayola y presumir de una afición incondicional, por ejemplo, por los toros...