Diario de León

CUERPO A TIERRA

Antonio Manilla

Antonio Manilla

Paz de zarazas

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El pan de zarazas eran unas bolas de pan con cristales y agujas, antecedente remoto de las salchichas con clavos que algunos malnacidos van dejando ahora desperdigadas por los parques públicos para matar perros. Aparece mentado en el «Libro de Buen Amor» y en «La celestina» con esa expresión sonora y eufónica para una realidad harto desagradable, que produce una muerte horrible: la misma que la tortura china considerada más cruel, la cual consistía en obligar a tragar erizos de mar, puesto que su ingesta rasga los intestinos y los jugos gástricos se desparraman por el interior del cuerpo, deshaciendo vísceras y órganos, provocando una lenta agonía entre dolores indescriptibles.

Al chusco relleno de promesas incumplidas que durante cuarenta años ha puesto ante los morros de León la Junta bien podría denominársele también pan o paz de zarazas: un muy aparente cebo mediante el que alimentar expectativas mientras por medios propagandísticos se trataba de hacer región. Pero las cifras son irrebatibles: mientras una parte engordaba, la otra se demacraba hasta quedar en los huesos, mera sombra de lo que fue, casi cadáver o carne dada a los gusanos. Se ha tardado en comprender que la de Castilla no era una relación simbiótica mutualista o cooperativa, sino parasitaria, sin la solidaridad como base, con todos los beneficios para una de las partes en relación, mientras la otra progresa hacia su destrucción.

Pero más vale tarde que nunca. Desenmascarado el engaño, que casi podría calificarse de estafa continuada, la deuda histórica acumulada durante estas cuatro décadas con la región leonesa —llevada contra su deseo al altar autonómico, no se olvide— es tal que se antoja poco menos que imposible resarcirla. Esa es la razón del fermento alzado de leonesismo rupturista actual. Si hasta ahora el sentimiento de agravio era una idea transversal, que podía ondearse desde los arrabales de los partidos mayoritarios nacionales a través de algunos versos sueltos de sus aparatos locales, como envidando a la chica, ahora, desde la comprensión y exposición con datos de la magnitud del expolio, apenas queda otro camino que el órdago a la grande. La clara conciencia de la magnitud del abuso no deja otra alternativa que ese todo o nada. Que se trata de una apuesta fuerte y decidida ya ha llegado a las oficinas junteras, que contemplan con creciente preocupación cuanto está ocurriendo y en los últimos presupuestos abortados trataban de aplicar paños calientes.

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