Diario de León

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Nadie podrá aburrirse con el verbo y la facundia de un bregado y viejo colega —y sin embargo, amigo— que estampó sus saberes en las páginas del ABC no pocos años, así como en los canales de comunicación de Ferrocarriles Españoles, asunto que documenta e ilustra como nadie sin tener que acudir a otra fuente que no sea su prodigiosa memoria-archivo. De Gonzalo Garcival digo, saberense, domador de la buena gramática y elegante prosista al que el lector encontrará con todo su vigor en ilustradoras tribunas de este Diario.

Hace unos días me remitió un documento referido a su bisabuelo Fructuoso Martínez Rojo, el primer boticario que tuvo Sabero, donde murió en 1893. Se cuenta ahí de su participación en la Exposición Regional que se celebró en 1877 en San Marcos, entonces cuartelón de caballería, donde fue celebrada su colección de plantas y flores medicinales como la digitalis purpúrea, la malva, el gordolobo y otras, así como la adormidera y su opio que causó sensación (opio vendido entonces libremente en boticas). Y no menos lo fue su estudio profundo sobre la cantárida, conocida en el mundo entero como «spanish fly», aunque no es mosca ni española, sino brillante escarabajo verde iridiscente y frecuente en fresnedas donde prefiere alimentarse. Y es que la cantaridina era, para entendernos, el viagra más antiguo y eficaz (Fernando el Católico la palmó por pasarse con ella al querer tener un heredero con su última esposa, Germana de Foix). Este farmacéutico presentó también a esa Exposición un estudio sobre esa cantárida tras lograr su cría y reproducción como se hace con el gusano de seda, abriendo de este modo una vía de producción farmacéutica de este estimulador de la potencia viril y proponiendo así una vía de riqueza especialmente en zonas donde abunda el fresno y que bien podría reexplorarse hoy para obtener un viagra cazurro con el el que aliviar estas decadencias económicas (aplíquese a ello esta universidad)... y bien estaría bautizar a este específico «Cantárida Fructuosa» con su latiguillo publicitario «para una dureza de losa». Manos a la obra, amigos de la ciencia.

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