FUERA DE JUEGO
Qué chispa tienen
Existe un número incalculable de anécdotas, chistes e incluso leyendas sobre lo que sucede justito a continuación de la más compleja de las preguntas: «¿de dónde vienen los niños?». Lo curioso es que resulta despreciable el porcentaje de respuestas empleadas que sí son ciertas. Mi favorita es la del niño que, tras escuchar la explicación del abuelo, le susurra a su hermano: «¿le decimos la verdad o dejamos que muera tonto?».
Hace tiempo que los filósofos y sociólogos alertan sobre los efectos de ese afán por infantilizar la sociedad. De ocultarle las cosas con engaños, más o menos armados, para hacer bueno eso que se ha puesto tan de moda: controlar el relato.
Han pasado ya cinco años y seguimos sin saber de dónde vino el covid. Ni se nos explicó por qué no hubo en España un comité de expertos al que se citaba tres veces al día. Ni cuál fue el número real de muertos. Ni la razón para cambiar el sistema de cómputo al observar que, como en tantas cosas, Cataluña lideraba todas las estadísticas, y torpeaba los afanes por señalar al sempiterno centro de todos los males planetarios. (Feliz patrón hoy, San Isidro).
Ahora, se reproduce el guion con el apagón decretado sobre el apagón. Escuchando a algunos parece que no ocurrió nada. Con millones, literalmente, de personas perjudicadas. Todo apunta a que la verdad también es incómoda porque no se ajusta a lo deseado en el argumentario.
Llama la atención que ya sabemos qué ocurrió en el cónclave vaticano, a pesar de la amenaza de excomunión para el que abriese el pico purpurado, mientras se envía el balón más allá del fuera de juego para no decirnos la razón del corte eléctrico. Es curiosa esa sensación de volver siempre a lo mismo. Con un Gobierno que surgió de la censura contra la corrupción en el que ya pocos se salvan. Y con la guía espiritual de Rodríguez Zapatero, que ascendió a La Moncloa con aquel «derecho a saber» tras el 11-M que ni aplicó él ni tampoco legó a sus sucesores.
El mismo Ábalos, que fue el vocero de Pedro Sánchez para derribar a Rajoy, es ahora también el portavoz de sus vergüenzas. Con una filtración medida, para que se sepa lo que quiere. Sólo política, sin datos de las causas penales abiertas. Parecemos condenados de nuevo a la ignorancia. Llegamos tarde, como Renfe.