Diario de León

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A ver: ¿quién sabe todo lo que puede caber en el bolso de una mujer?... otra mujer... ¿y qué se guarda ahí para que acabe pesando tres o más kilos?... ¿cuánta culpa tiene ese bolso en los hombros escangallaos, tensiones musculares en el cuello o desviación de columna?... Los hay que pesan tanto, que es fácil imaginar que dentro va una plancha, un taladro o la franquicia de una droguería... ¡y perfumería!

Lo básico, me dicen, es la cartera con sus tarjetas y documentos, dinero y calderilla, las llaves de casa, del coche, de los padres o del trabajo, teléfono y su cargador, corrector, colorete, barra de labios, colonia... pero como el «por si acaso» les acosa o les tortura, no pocas añaden pañuelos de papel, crema de manos, bálsamo labial, gafas de sol con su estuche, gel desinfectante, tampones, hilo dental, peine o cepillo, bolígrafo, libreta, desodorante, botellita de agua, algo de comer (snacks, frutos secos, dulces... vi una vez un bolso que parecía un ambigú; y en el de Isabel Carrasco, pequeño por lo general, siempre cabía alguna fruta, una manzana o plátano)... Después están los extras: hilo y aguja, tiritas, una tablet, algún avalorio, tijeritas, pendientes de repuesto, aerosol de defensa, silbato de alarma... y alguna llevaría hoy una pistolita de cachas de nácar viendo que pinta mal su seguridad en según qué sitios o momentos. El problema llega si hay alguna prisa en encontrar algo y no aparece en ese bazar portátil, sobre todo las llaves que, por pesar más, se van al fondo de la montonera obligando a veces a vaciar el bolso entero para encontrarlas mientras se sufre la angustia de haberlas olvidado o, peor, perdido... hasta el teléfono, ese zumbón que alarma y se ilumina, cuesta a veces atraparlo. Y a todo esto, ¿los hombres cómo se las apañan?... Pues imitando. Superada la mariconera que fue tan popular, un pequeño bolso en bandolera indica que sus necesidades son claramente menores, pero cada vez mayores; y ahí entra la mochilita o la carterona donde puede ir una agenda, un portátil, libretas, bocadillo, libros, carpetas... y hasta un rosario si hay que ir a rezarlo ante la sede de los rojos, me insiste aquí un meapilas.

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