al trasluz
Toño, arte de hallar
Supongo que todos tenemos en casa una vieja carpeta extraviada, cuartillas o una fotografía que un día guardamos en el interior de un libro cuyo título hemos olvidado, un cajón que llevamos mucho tiempo sin abrir. El leonés Toño Benavides, uno de los mejores ilustradores europeos, expone aquí, en el bar Amarone Vinnería, en Cascalerías, una muestra que ha titulado Lost & Found; es decir, perdida y encontrada, en referencia a ilustraciones que de tan guardadas había olvidado dónde estaban. El pintor, quien ahora luce patillas de contrabajo rock hillbilly, lo ha vuelto hacer: de nuevo, el corazón guía sus manos, también para seleccionar creaciones del pasado. Tiene un gran sentido del humor, que solo empaña su compromiso con las víctimas del poder, y lo hace con una rabia crítica tan necesaria en tiempos aciagos. Ya lo he escrito en alguna columna: las obras maestras de la literatura deberían exigir a los editores ser ilustradas por Benavides. «¡A la cola!», le espetará El Decamerón a Poeta en Nueva York«. Entiendo la impaciencia libresca. ¡Yo le vi primero!», protestará la Ilíada. Paciencia, obras maestras, habrá para casi todas.
Freud dio mucha importancia al olvido, que interpretó como una trinchera del subconsciente; y los artistas de vanguardia reivindicaron el hallazgo fortuito. En mi caso, solo puedo decir que cada día organizo una exposición doméstica para encontrar las gafas; nunca las pierdo, pero he de dar con ellas. En cambio, nuestro paisano hace virtud artística de lo uno —perder— y de lo otro —hallar-. Su voz propia le distingue, pero aún más su autenticidad, pues no son exactamente lo mismo. En fin, después del prodigio logrado —y sin color— con El corazón de las tinieblas (Reino de Cordelia), entiendo que Muerte en Venecia esté dispuesta a matar con tal de que él la ilustre, aunque solo sea la cubierta.
No recuerdo cuándo hallé su amistad, pero puedo garantizar que nunca la he perdido. Sus obras jamás amarillean, pues son verdad; y no por realismo, en sentido decimonónico, sino por libres. Ilustrar conlleva un encargo previo, pero ni siquiera este requisito esclaviza a un artista luchador. ¿Ilustraciones olvidadas? No, estaban ahí… esperándole, esperándonos. Hasta julio.