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Tanto foco sobre los políticos corruptos no sólo es necesario, sanitario y prioritario, sino escaso, siempre escaso por ser gente que puede disponer de no pocos blindajes, parapetos y hasta leyes que les aforan para marear a la justicia como a una perdiz antes de apiolarla y remitirla a la cazuela. Y además, todo lo que pueda llegárseles a descubrir nunca lo será todo; hay que sospechar que una cuanta de su corrupción queda fuera de la linterna o la pesquisa, ya sea por falta de pilas y ganas o por sobrar alfombra bajo la que barrer pruebas; siempre habrá corrupciones que no dejen rastro, igual que tantos crímenes quedan impunes. Pero un político corrupto, un servidor público podrido, es la peor de todas las noticias y desgracias que puedan caerle a una sociedad y al bien común, a la fe en la «res pública» y a la necesaria confianza en las instituciones, confianza que debería ser ciega para salud de la naciómn y propseridad de las gentes. De otra forma la credibilidad de un Estado se tronza por las patas que deberían sostenerlo y, entonces, lo salvaje se convierte en método y un ministerio en ciénaga con despachos. Esto es lo que indigna, enfurece y desanima a un pueblo cuando sinvergüenzas de capa y trabuco con codicia obscena venden a voces su honradez comiéndose a la Constitución por las ubres y a las putas por el coño mientras, a la chita callando, no dejan de meter sus sucias manazas del cajón del pan robando al común, que siempre se deja ante insaciables zampones como ellos. Pero si además el corrupto es zafio, torpe y gañán engreído demostrando su ineptitud hasta para corromperse, ¿cómo no perder toda esperanza sabiendo que hasta el más tonto y chulo tiene plaza donde antes florecían malandrines ingeniosos firmando con florete?... sin embago, acaparando tanto foco el corrupto, ¿en qué rincón oscuro e impune queda el corruptor?, ¿qué delito le cabe?... pues ninguno... la comisión, el corretaje, el incentivo o el soborno son procentaje contable en el movimiento de capitales y estrategia empresarial, su ley natural... y ahí un fiscal es bizco y la Justicia no se quita la venda de los ojos.

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