AL TRASLUZ
Los mapas no matan
A veces, el lenguaje es utilizado no para ser preciso, sino para hacer imprecisa la verdad. O sea, para mentir. Digámoslo ya: los países no matan, son personas concretas quienes los hacen. No es un país quien está invadiendo o arrasando a otro, sino dirigentes y quienes cumplen sus órdenes, o las aplauden. Los lugares no tienen rehenes; los terroristas, sí. Llamamos a los conflictos bélicos por nombres geográficos, cuando deberíamos llamarlos por el de sus responsables. ¿Qué culpa tienen unos países llamados Israel, Palestina, Rusia, Ucrania, Irán? Los eufemismos «geográficos» son utilizados para difuminar las responsabilidades legales y éticas, que sí tienen rostro. El mar no asesina migrantes, este es solo donde mueren. Los mapas no matan. Es un presidente ególatra quien persigue a los migrantes, no una sociedad en su conjunto. Ahora mal, el voto tiene también nombre y apellidos: el de quien lo deposita en la urna.
Y junto al insoportable eufemismo, cuya función es no llamar al sufrimiento ajeno por el nombre del culpable, hay otro empleo también muy perverso del idioma: la falsa franqueza crítica. Hay políticos que en su boca tienen un gatillo; pero no es lo mismo disparar que hablar claro. Los exabruptos no denotan valentía; la mayoría de las veces ni siquiera cabe achacarlos al acaloramiento, pues los han traído ya aprendidos de la sede, redactados por el asesor. Esta verborrea violenta nada tiene que ver con la gran oratoria política, que debe ser crítica pero nunca chulesca.
Y, en efecto, los países no matan. Los sitios son inocentes; los dirigentes, no. Por ello, el lenguaje que utilizamos importa, y mucho, puedes utilizarlo con muy distintas intenciones. Pero la dignidad humana se rige por una gramática ancestral: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan. Sí, el lenguaje importa, no debemos utilizarlo para ocultar la verdad; no fue creado para eso, sino para buscarla. Rechacemos el eufemismo tramposo. ¿Acaso el amor que recibimos no tiene también nombre y apellido? Y el dolor, el que recibimos y el que causamos. Todo lo tiene. Termino la columna con un gran y sincero deseo para usted, lector: feliz fin de semana. Y no son meras palabras, tenemos nombre y apellidos.