Xigantes en Laciana
Hace falta ser muy quijote para traducir a Cervantes al patsuezu, y además lograr que te lo editen a lo grande. El lacianés Manuel Gancedo ha conseguido ambas cosas, gracias a su valía y al mecenazgo —otro quijotismo— del también paisano nuestro Julián Fernández. Nos debían una presentación de su El inxeniousu fidalgu Don Quixote de La mancha (Amichi), pues fue publicado en 2023, y este sábado saldarán la deuda: será el día 28, en el Valle de Laciana, en Villablino, en la Fundación Sierra Pambley, a las 12 de la mañana. No podré acercarme, les mando mi aplauso. Una edición preciosa, dedicada a Fernández-Blanco, quien en el siglo XIX ideó la más maravillosa quijotada de la pedagogía española. No conozco personalmente a don Manuel; sí a Julián Fernández, quien además de asumir todos los costes de la edición ha velado porque el proyecto mantenga la esencia institucionista, pues tiene mucho de homenaje a sus mayores. No siempre los sueños a priori imposibles terminan mal. Voy a un capítulo emblemático y leo: «Mire vuesa merced —respondióu Sanchu— que aquetsus que vense atsá nun son xigantes, son moulinus de ventu». Qué bello queda. Quizá, aquellos manchegos no fuesen gigantes, los de aquí es ya otro cantar. Busco parlamentos preferidos y los hallo: «(….) desnudu nací, desnudu estoy, ni pierdu, ni ganu; quieru dicir, que sin blanca entrei neste gubiernu ya si etsa salgu, bien al revés del comu suelen salir los gobernadores d»outras ínsulas». No todos pueden decir lo mismo, querido Sancho.
Gancedo leerá en patsuezu un capítulo; con él estarán su prologuista, González de Posada; Saiz Fernández, de la Real Academia de la Historia; y Mercedes Fisteus, concejala del Ayuntamiento de Villablino. Y en algún lugar discreto de la sala, se sentará el generoso editor e impresor andante. Le diré, como ya hice cuando paseábamos por Santander: «Oye, Julián, perdona que insista… ¿tú no necesitaras un escuderín de a pie?».
Gran edición, por el formato de la misma pero aún más por el mucho amor y trabajo que lleva dentro tan bella quijotada. Y qué preciosa cubierta, en mágico amarillo. Ya ves, mi noble Sancho Panza… en esta tierra sí tenemos xigantes, pero son buenos. Al menos, los del Valle de Laciana.