Diario de León

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Crees tenerlo claro cuando estrenes tu derecho a voto en las próximas elecciones. De larva pasas a crisálida y pronto te convertirás en mariposa coloreada o polilla gorda y parda como las que estos días inundan España. Al fin podrás volar solo y elegir la flor, tiesto, arbusto o cardo donde posarte para escoger con qué perfume vestir tus sueños o futuros. Y lo tienes claro, insistes: esta democracia es una mierda y los partidos una peste en pocilgas. Lo comentas con tus amigos cuando la chorrera tiktokera os la interrumpe el Quique con ese influencer que tanto os seduce porque arremanga hostiazos como hogazas contra todo lo que se mueve en política. ¡Qué verbo látigo maneja el tío!, comentáis, y pones tú boca de hacha con algunos de sus latiguillos copiados de memoria; y más ahora que se sirve en bandeja la chacinería cutre, vergonzante y delincuente de esos tres trabucaires de la mordida: el Ábalos, el Cerdán y el Koldo con su volquete de putas en fondo de escena. Te sobran argumentos para agriarle cada día la sopa a tu padre, tan leal y terco desde siempre en su voto socialista. Ahora tienes munición de posta para taparle la boca a cartuchazos y no te privas. Matar políticamente al padre proporcionó siempre un insano placer. También es cierto que papá te anuncia guantazo por insidiarle con que votarás al Alvise o por cantarle el Cara al Sol para sacarle de sus casillas. Entiéndele, aún padeció franquismos después de Franco y le brotan pánicos viendo cómo crecen salvadores de patrias y negacionistas temiendo perder todo lo poco que ha ido ganando este bendito pueblo confundido y abatido hoy por evidencias malolientes. Y además le dices que el loco Milei tiene graves razones para cagarse en los impuestos pidiendo rebeldía fiscal de anarcocapitalista y metiendo motosierra al Estado. Vota si quieres a sus amigos de aquí. Tú verás. Quizá sea necesario que te equivoques para poder llorar un día lo que sin duda perderás y, aún más, lo que nunca alcanzarás: la libertad de ser lo que quieras tú y no lo que te impongan otros, así que jamás olvides esto: «No hay peor esclavo que el que se entrega por su propia mano». Tú verás.

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