Cuerpo a tierra

Antonio Manilla

Lo que no mata, engorda

Creado:

Actualizado:

La mayoría de las personas prefieren alimentos bañados en pesticidas que alimentos transgénicos, cuyos genes han sido manipulados para mejorarlos y hacerlos resistentes a las plagas. Es raro, pero es así, y contra la realidad no se puede ir salvo que se sea político en ejercicio. Tendrá que pasar algún lustro hasta que se convierta en aceptable para la humanidad permitir en la mesa la intromisión de la pipeta y el microscopio, pese a que hace ya mucho que aceptamos las de la cuchara y el tenedor, el nitrógeno y el ddt. Aunque, pensándolo detenidamente, puede que no sea mucho lo que haya que esperar. Si algún refrán ha servido como lema a la Humanidad en su largo camino hasta el presente, ese ha sido «lo que no mata, engorda». Será cuestión de poco tiempo, me parece, que acabemos devorando los frutos transgénicos que nos pongan en la mesa, como ya nos embaulamos más de medio kilo de insectos por persona al año, sin enterarnos. Hemos superado la barrera de ese ocho mil de los millones de habitantes sobre el globo y un arroz que no necesita apenas agua para medrar o unos solomillos crecidos en macetas terminarán por hacernos la boca agua. ¿No nos merendamos ya, sin darle la menor importancia, esos canónigos con los que antes se cebaba a los conejos? ¿No han propuesto organizaciones internacionales que vayámonos haciéndonos al gusto de los nutritivos gusanos, aunque todavía no al de las arañas? Uno espera que no le toque a uno, claro, pero con estos movimientos nunca se sabe. Basta que un virus convierta en intocables a los cerdos para que aparezca como tapa en los bares del Húmedo la morcilla de carne producida por Bill Gates, aunque no se sabe si esa carne sangra cuando la pinchan y se venga cuando la ofenden. Y ojo que hace poco se ha descubierto que ya los neandertales, mucho más modernos y sostenibles que quienes nos creemos tan contemporáneos, engullían lentejas en «hummus» hace setenta mil años: sin ser madres «humanas», ya recomendaban legumbres de primer plato a los neandertalitos que habitaban la Edad de Piedra, las preparaban sin tutoriales y hasta ignorando que contenían hierro. Parece ser que se comían hasta la cáscara, que es amarga: en ausencia de aceite de ricino se ve que, a falta de pan, buenas eran ya las tortas en el cielo del paladar. ¡Qué poco hemos cambiado!