Diario de León

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Tengo un amigo, que ocupó altos cargos partidarios en una provincia castellano y leonesa (perdón por no dar más detalles), que ha anunciado que se marcha del PSOE. Mi amigo fue de los primeros en defender la candidatura de Sánchez en aquellas primarias de 2014, cuando empezó la batalla contra Susana Díaz. Ahora dice que «he dejado de identificarme» con la deriva a la que ha llegado el partido. Me cuentan que se han dado casos similares, aunque bastante aislados, en Andalucía, Asturias y Extremadura. De Madrid no tengo noticias, y no espere usted que precisamente ahora la nueva o no tan nueva dirección del PSOE le vaya a dar datos reales de desafiliación. Pero haberla, como las meigas, hayla. Unos lo negarán, otros pensarán que los abandonos no son los suficientes, pero así están las cosas. Puede que en el desertizado Ferraz crean que van a mantener para siempre ese suelo de siete millones de votantes. Pero yo creo que este Pedro Sánchez que ya no es, incluso físicamente, ni sombra de lo que fue, no está sabiendo reaccionar a la enormidad de la crisis de confianza surgida en la ciudadanía, incluso entre los fieles. Tiene que ir pensando en marcharse; bueno, de hecho nos contó, sea o no cierto, que ya le había dado vueltas al asunto, pero que él no tira la toalla. Lo que ocurre es que otros, afiliados quizá sin nombre ni cargo, pero que se ilusionaban en la idea del socialismo, sí la están tirando. El presidente/secretario general ha rechazado cualquier idea de someterse, como lo hicieron sus colegas alemán y portugués, a una cuestión de confianza. Más aún ha rechazado adelantar las elecciones, como han hecho tantos otros países europeos por crisis mucho menos graves que la que atraviesa ahora la política española, sin presupuestos y, lo peor, sin ideas. Sánchez se ha quedado sin salidas, al albur de cualquier nueva revelación con forma de audios o de tropezón del fiscal general en los tribunales. ¿Cuánto tiempo creen en Moncloa que se mantendrá el apoyo de los socios a palos? El tiempo que tarde Núñez Feijóo en encontrar la fórmula para desactivarlos.

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