Diario de León

FUERA DE JUEGO

La maldición de Luna y Ponderoso

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La globalización de esta vida sobreconexionada ha disparado, hasta grados extremos, la extensión de todo tipo de mitos y leyendas. Nos rodean presuntos sucedidos y frases que ni fueron de esa forma ni llegó a pronunciar o escribir nunca el supuesto autor.

Una de ellas es la que se adjudica a Einstein, pero parece que también esto es relativo. Reza algo así como «locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes». Quizá el mayor equívoco de todo esto sea arrancar con un «locura» en vez de apostar por un autóctono «parece de cazurros...». Erre que erre, ganando velocidad encarrilados hacia el precipicio.

Luna y Ponderoso han dejado el Coto Escolar leonés para buscarse una vida mejor en Alemania. La hoja de ruta no sorprende. Más emigrantes y más despoblación. Y más ejemplos sobre cómo las heridas que no cicatrizan bien acaban expandiendo su infección. Con taparse los ojos y rezar rosarios a los imposibles nunca se ha solventado nada.

Hace un buen puñado de años se abrió un debate sobre la falta de idoneidad de la jaula del Coto Escolar para estos dos veteranos osos. La Junta se ofreció a pagar un cercado pero, en un ejercicio de trilerismo tan astuto como exitoso, dejó en manos de los ayuntamientos de la zona de Riaño el acuerdo sobre dónde se pondría. Aquello acabó en nada. El debate se fue diluyendo y ahora, cuando se anunció el plan para llevarlos a Alemania, empezaron las carreras para entonar el ‘santa bárbara’, con los truenos ya encima, pero lo cierto es que la posibilidad de retener a los osos se había diluido.

La maldición de estas tierras, o más bien del hacer de sus gentes, se ha cebado con Luna y Ponderoso. Malvivieron durante décadas olvidados por todos. Empujados a emigrar. Sumidos en esos vaivenes de debates desde las poltronas de la inacción. Dando otra vuelta a la plaza del pueblo, cada vez más despacio, mientras el invierno lo invade todo, con ese frío silencioso que rompen de vez en cuando estériles pronunciamientos de los que nos empujan a mirar hacia el dedo... que en realidad señala inútilmente al cielo... Haciendo buena la frase con la que cerraba hace unos años sus columnas un articulista de este periódico: «había que hacer algo».

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