CORNADA DE LOBO
Patas abajo
Una cámara de seguridad graba de noche en el jardín de un chalet cómo una veintena de conejos se ha colado allí subiéndose a la cama elástica de los críos y saltando en ella como posesos y divertidos gamberros. Una perplejidad risueña se apodera de quien lo ve y en el acto rebota ese video haciéndose viral y traspasando fronteras. Admirable captura de un hecho insólito. Y mentira cochina. Su verosimilitud parece incontestable, pero ha sido producido por inteligencia artificial. La irrealidad ya es totalmente real. Guau.
Hay un grupo musical que en lo que va de año ha editado ya cuatro elepés rompiendo la pana y audiencias en Spotify. Millones lo aplauden. Se llaman The Velvet Sundown y su música combina elementos del rock psicodélico y rock folk de los años 60 y 70. Gusta a muchísimos. Dan con la tecla de la popularidad universal. Fantástico sonido. Inédita creatividad. Pero cochina mentira también. No existe tal grupo, es una creación de la IA, y las discográficas apuestan a este fenómeno porque no tendrán que repartir ganancias con autores y estrellas. ¡Músicos del mundo entero, uníos!... para nada... y apretad el culo, os cagaréis de la risa en el paro... y a la gente le dará igual, lo que le importa es la emoción rítmica, danzar como tolilis y canturrear lo lindo.
Y en estas, ahí está Yuval Noah Harari, doctor por Oxford, israelí, humanista e historiador, un fenómeno mundial de pensamiento bestseller. En su libro «Nexus» —lo iba leyendo José Mujica antes de morir— aborda la IA y nada tranquilizan sus impresiones: «La IA representa una amenaza sin precedentes para la humanidad, no avanza hacia la inteligencia humana, está desarrollando un tipo de inteligencia alienígena... y ya tiene potencial para manipular genéticas y crear vida... Si cada vez más decisiones sobre nuestras vidas en economía, cienca o política se toman dentro de esa caja negra que los votantes no pueden entender ni cuestionar, la democracia deja de funcionar»... y entonces sí que nos vamos a cagar todos patas abajo. «Nexus» es de leer para estar advertidos con lo que se nos viene encima. Advertidos sí, pero no nos servirá de nada ir apretando esfínteres.