CORNADA DE LOBO
El fuego nos ama
Hoy te quemo más que ayer... pero menos que mañana. Declaración de amor del fuego, heraldo de ese desierto que lleva décadas repicando en nuestra puerta haciéndolo esta vez con aldabonazos devastadores, pavorosos y dramáticos... y ándele ahí toda la ristra de insultos, maldiciones y blasfemias que hacemos brasa horneándonos la desesperanza. Se nos ha hecho vecino de hecho. Y de derecho, pues alega el fuego que le hemos brindado ser suyo lo que dejamos de ser nuestro; y aduce así poder ocupar nuestro pulmón verde abandonado y nuestra cuna vacía, mortal despoblación desde que nuestros ojos sólo miran a la ciudad donde seducen los brillos de una vida más cierta o cómoda y sestean los votos que disputa el político tuerto. ¿Nadie veía que en esos montes se echaba a dormir el dragón del fuego a la espera de que cualquier chispa, cerillazo, negligencia o imprudencia le despertara?... Pues ahora ya no tiene ganas de dormir, se envalentona y le encanta el festín que gratis le ofrecemos.
Y no hay palabras para describir el rastro dejado por las llamas en devoración. No hay consuelo. No hay pena propia queriendo ver sólo culpa ajena a toda costa. Ni hay solución a la vista que no parezca cebada al rabo. Hacemos del verbo ruido y no razón. Nos ardió la mirada y acallamos la conciencia. La serenidad huye de este concejo en guirigay y el Ave Fénix no renacerá de estas cenizas de horizonte calcinado que tardará décadas en reverdecer. ¿Cómo reconquistar todo lo ardido?... ¿pondrán en cada monte, tal como lo exige la ley en cada establecimiento de la ciudad, un extintor (medios y gentes)?... ¿volverán a hacer puertos y represas en ríos y arroyos para tener aljibes que reserven aguas ante el galope sahariano y la prisa del fuego?... ¿cuánto operario hay que devolver urgentemente a nuestra ruralidad forestal?... ¿o pediremos a Papá Noel que traiga nieve y botellines?... más que ayer, pero menos que mañana... ¿y vendrá septiempre quemando más monte y secando más fuentes o arrasará las puentes bajando los ríos negros de ceniza?... Ojo, dijo el párroco, no tentéis tanto a la Virgen de la Cueva. Silencio, se rueda.