Diario de León

LEÓN EN VERSO

Luis Urdiales

Luis Urdiales

León en verso

Como el junco que se dobla

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Cuando se me cierren las salidas, na, na, erguido frente a todo… la canción que tararea un país entero mientras los funcionarios, por orden de los peaky blinders del Gobierno, le meten la cuchara en el hígado. El himno de un país hecho trizas y cenizas, esta tierra, no la que dice suya el ministro de Valladolid, esta, sí, esta en concreto, la del mapa que doblas por el cuadrante entre el Sil y el Cea, con detalle, hasta los caminos rurales que el gps cuela como autopistas de peaje; hasta los corta fuegos con barba de diez años. Resistiré se canta en su puta cara, el Grándola, Vila Morena, el vengo de moler, morena; el si me quieres escribir, ya sabes mi paradero, entre estrofas de esta noche ha llovido, mañana barro, en mitad de botones de arriba abajo, de los tumbos de la vida que los pobres afrontamos a pelo, con la disposición del soldado entrenado para la batalla, reclutas de la necesidad, desde que nos quitaron la teta. Resistiré tenía que fijar la entrada al territorio, por Pajares, en el Negrón, en La Barosa, en Vega de Valcarce, en el rellano de Izagre, donde se tira la línea que marca el destino de la marioneta y quien mueve los hilos. Siempre, por delante, siempre, por encima de los cartelones verdes que trampean el mapa geográfico con el mapa político. Todos los que decidieron resistir lloran desde ayer por quien le puso letra a la música que nos hicieron bailar. Cada vez que se pone jodida la cuesta, cada vez que hay que pedalear, cada vez que el sudor no llega para regar el esfuerzo, sale a flote Manuel de la Calva, con sus palmeos a dos por dos, mientras la otra mitad del dúo le da a la guitarra, como quien explica la diferencia entre alentar y empujar. Resistiré, de la primera del singular, futuro imperfecto del indicativo, sin amenazar, en plan padre nuestro, en plan piadoso mientras el mazo golpea y el entorno se desmorona, y el presente anuncia un mañana peor. Resistiré impide a los abatidos abandonar toda esperanza. Jamás viviremos suficiente para agradecer este apego a la autoestima que levanta al derrotado, el tiempo verbal, la previsión de advertencia; así, sin los demonios tentadores del gerundio, que los gerundios son la propaganda del Gobierno.

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