PANORAMA
La ‘otra’ España del 0,8%
Los cálculos de instancias europeas, adelantándose a las españolas, señalan que casi el 0,8% de nuestro país se consumió entre las llamas este verano. Puede que, cuando los últimos incendios se hayan extinguido, cosa que no está demasiado cercana, haya ardido medio millón de hectáreas, la mayor parte en zonas rurales y de la España más «vacía». La España del 0,8% quemado, pastos, árboles, ganado y, claro, algunas casas, deja, vuelven los cálculos exteriores, más de treinta mil damnificados directos, sin contar las afortunadamente escasas, pero muy dolorosas, víctimas mortales. A la hora del balance, falta cuantificar los daños económicos, que serán de miles de millones y falta también concretar y poner en marcha las reparaciones, tarea para la que el Consejo de Ministros parece haberse concedido demasiado tiempo dadas las necesidades de los afectados.
La política española rara vez piensa en estos afectados, en el ciudadano, sino que se dedica, y ahí tenemos los ejemplos, a pelotearse culpas, insultos y descalificaciones. Incluso una figura tan «institucional» como la ministra de Defensa, un puesto que se compadece mal con la pelea politiquera, cayó el lunes en el Senado en la tentación de la batalla, que tampoco, por cierto, rehúye un PP lanzado a la más burda descalificación, sin más. Y es de temer que las primeras comparecencias de los ministros más concernidos en el Senado —varios de ellos están entre los más «templados» del Gabinete-sigan esta semana la misma tónica: la del duelo a garrotazos con la oposición.
Pero el Gobierno, la oposición, la sociedad, las instituciones, probablemente también la Unión Europea, han de pensar en esa España del 0,8%. La España rural cuyos rostros dolientes hemos visto en abundancia estos días tremendos. En los que la mayor catástrofe ecológica nos ha vuelto a sumir en una crisis política que ha ahondado el abismo entre las Españas.
Vivo en una de las 121 zonas oficialmente declaradas catastróficas por el Gobierno y soy uno de los treinta y tantos mil damnificados directos por los incendios —indirectamente, todos somos damnificados—. No es lo mismo sentir en tus propias carnes la tragedia que leerla en la distancia. Creo que ese dato me autoriza a sentirme, en la hora de la indignación, algo más que un mero periodista o que un ciudadano más. Me siento capacitado para decir que la impresión es que nuestros representantes están mucho más dedicados a salvar sus traseros políticos que a atender las cuitas, lamentos, necesidades y desesperación de las gentes.
Sería muy propio de algunos que sabemos hacer ese cálculo miserable. Pero el 0,8% de un país, el grito de medio millón de hectáreas con paisajes y riqueza destruidos, la voz doliente de los que se han quedado sin casa, tierras, ganado, su pequeño negocio, es mucho más estruendosa que una simple estadística. Y el 0,8% de una nación es mucha nación, aunque estén, como siempre, desigualmente repartidos el infortunio y las prebendas.