Lo que se sabía
Vitalino el de Baltasar sabía de las cosas que oyó a sus mayores o que estaban escritas en la memoria escarmentada del pueblo... lo del grajo que vuela bajo, claro, lo del cielo empedrado, suelo mojado, lo de septiembre que seca las fuentes o arrasa las puentes, lo de agua de mayo, pan para todo el año... Y el nieto de Vitalino apuntaba la otra tarde en su libreta cosas que ese abuelo iba recordando o aquello que comprobó con sus ojos, incluso dejándolos caer de vez en cuando en unos pocos libros (fue de leer siempre los mismos porque quería aprendérselos, como en aquel de Delibes que decía que «el cielo de Castilla es tan alto porque lo elevan los labradores de tanto como lo miran»). Cuando no había inteligencia artificial, las cosas salían de inteligencia natural... o no salían... y ahora lo del tiempo sólo lo buscan en la Aemet, que falla un poco menos que los refranes, pero falla, y no sabe leer esas hilachas de telaraña que vuelan en marzos o noviembres indicándole al labriego que disponga el arado porque hay tempero... ni tampoco nos dice que si golondrinas y murciélagos vuelan más bajo de lo normal es porque baja la presión atmosférica, mientras que si amaga tormenta vuelan más alto buscando los mosquitos que son arrastrados por las corrientes ascendentes... o que si los grillos aumentan sus chirridos, es que vienen caloras... o que si las abejas no salen de las colmenas, es por barruntar lluvia, lo mismo que si regresan antes a sus panales... o que en llegando un aguacero las ranas croan más, aparecen hormigas con alas o andan en filas, las palomas se bañan y las vacas se tumban. Y ahí el nieto iba anotando: «Caracoles (o acederas, espárragos, gatos), los de abril, pa mí; los de mayo, pa mi hermano; y los de junio, pa ninguno», «Por san Pedro, arranca el ajo y pon el puerro», «Viña podada con hoja siempre está moza», «Si no quieres ajo ruin, siémbralo por san Martín», «Ni huerta en sombrío, ni casa junto al río»... y como en estas se le puso graciosillo el nieto, enfadó al abuelo que cesó de golpe en su retahíla por largarle aquello del Arguiñano: «La mejor estación del año es el otoño porque abre la castaña y pone duro el nabo»...