Diario de León

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Una vez reconfortados porque no se ha perpetrado el apagón en el Nobel de la Paz, vuelve la vista a lo cotidiano y a las amenazas que para una sociedad cada vez más electrodependiente supone el tembleque permanente de un nuevo colapso generalizado en la red. Poco ha cambiado desde la caótica jornada de abril. Tan poco, que ni siquiera se ha determinado quién es culpable, o al menos a qué se debió realmente la cascada de incidentes. Lo que evidencia que no hay un solo responsable, que para todos es más rentable callar y no apuntar a quien te la puede devolver, y sobre todo que no existe aún fórmula para poner remedio al problema.

Ahora Red Eléctrica solicita con urgencia a la CNMC cambios «temporales» en la operación del sistema, porque detecta riesgo de nuevo apagón. Las condiciones son similares a las de la primavera: importante generación renovable, demanda moderada (no hay olas de frío ni calor),... Una falta de estrés poco rentable para el negocio, que desde luego no invita a forzar las fuentes de generación tradicionales que aún sobreviven en este modelo medioambiental verde esperanza. Eso mientras las renovables intentan meter a piñón sus notables producciones en un sistema aún habilitado para gestionar oferta y demanda con suministradores mucho más controlables. En el recuerdo están las térmicas, tan sucias como obedientes.

La realidad del sistema eléctrico es que no está adaptado al incremento de las renovables y el incentivado autoconsumo, que además se concentra en puntos muy concretos. La propia CNMC reconoce que la evolución del sector en los últimos años «ha provocado que ahora empiecen a aparecer estas dinámicas».

Al otro lado del cable está el bloqueo de un sistema de abastecimiento eléctrico saturado, incapaz de asumir más energía (renovable, que es la que toca en León) ni de concederla a nuevos proyectos empresariales o urbanísticos. Las tres compañías que operan en la provincia tienen sus principales núcleos de conexión totalmente colapsados. Y no es una situación aislada.

En el centro del debate está el pulso económico entre eléctricas y Administración por decidir a cómo se paga la urgente inversión en mejorar el sistema. En el medio, el ciudadano, que además está pagando a mayores el coste de tanto desatino. Aquí no hay partido político que se moje. ¿Demasiado poder enfrente?

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