FUERA DE JUEGO
París irradia luz
A los españoles siempre se nos indigestan los vecinos de arriba, los del otro lado de los Pirineos. Pero habría que admitirles su peso específico, su capacidad para ir por delante en múltiples asuntos y su autoestima extrema, que aquí se pervierte en algo así como una pasión por creer y acrecentar toda leyenda negra que surja. Lo mismo, ser el epicentro del universo, pero desde los puntos de vista más inversos posibles.
Andan los gabachos —siempre se les llamó así— hundidos en un pozo de terrible bloqueo porque han liderado lo de la fragmentación política, ese mal en expansión. Y quizá son víctimas pioneras —también en tener un expresidente entre rejas— en otro asunto relevante, como son los riesgos del patrimonio. Su incendio de Notre Dame afloró muchas vergüenzas. Cierto que para entonces ya habían ardido muchos monumentos. Como también se han producido incontables robos, pero nada como un episodio tan sonrojante en el Louvre para que los países se pongan a revisar fórmulas que llenaban de soberbia las bocas de sus expertos hasta este domingo.
La seguridad perfecta nunca existe, como bien saben en Compostela con su Códice Calixtino salvado casi de milagro. O en Córdoba, con el reciente susto de la Mezquita-Catedral, donde sí había trabajo previo —quizá tras el fuego de la catedral parisina— y la celeridad minimizó los daños. O en el Museo Naval, donde han salvado el cuadro de Colón por su vecindad con el Prado, que activó un quirófano de urgencia.
Pero, avanzando casillas, cabría repensar sobre la capacidad de los países y las sociedades para preservar un patrimonio que en algunos lugares es ingente y muy disperso. Usar palabras como rapiña, esquilmar o expoliar requiere rigor. Por desgracia hay joyas que hoy se conservan en lugares más o menos alejados de su punto de origen, y que nunca habrían llegado vivas a nuestros días sin esa «emigración forzosa». Pero eso es pasado, y mirando al presente o al futuro todo se resume en la palabra clave: dinero. Con el sempiterno calificativo: limitado.
Han robado las joyas de Napoleón. Sus andazas por España abrieron la primera de las tres grandes debacles del patrimonio: la Guerra de la Independencia. Luego llegaron las desoladoras desamortizaciones y el fuego de la Segunda República y la Guerra Civil, que dejó a media España sin iglesias ni muchos lugares laícos.
Ahora, con las alarmas parisinas encendidas, vuelven los miedos y las prisas...